Helena Lanza, Enriqueta Carballeira y Blanca Oteyza, en «Se vende»
Helena Lanza, Enriqueta Carballeira y Blanca Oteyza, en «Se vende» - ABC

Comedia de las de antes

Actualizado:«Se vende»Teatros Luchana, Madrid

Hace unos años, con la crisis, se multiplicó en la escena española lo que podría definirse como un «teatro de resistencia», en el que autores, directores y actores fundamentalmente jóvenes se defendían como gato panza arriba de la precariedad y combatían la falta de oportunidades (especialmente de salas) con la puesta en pie de proyectos a menudo en condiciones «infra-artísticas».

Aunque la situación ha mejorado, las cosas siguen igual para muchas compañías pequeñas -y el puñado de salas que las albergan- a las que les cuesta un mundo sacar la cabeza a la superficie y, aun así exhiben sus proyectos con una dignidad y un entusiasmo merecedores únicamente de elogios.

Es el caso de «Se vende», la función de Julio Salvatierra -uno de los creadores, junto a Álvaro Lavín, de Meridional Teatro-. Se presenta en los teatros Luchana, y por texto e intérpretes merecería una puesta en escena -a la escenografía me refiero- profesional y no escolar como la que se muestra, y que desmerecen el trabajo del resto de los integrantes de la producción.

«Se vende» -«Abuela incluida» es su subtítulo- es una comedia clásica, en el mejor sentido del término. Posee aromas del Miguel Mihura de «Melocotón en almíbar», con personajes de doble cara, sorpresas, situaciones llenas de comicidad y una sensación constante de «esto no es lo que parece».

La cara A de los personajes (no es éste el lugar idóneo para desvelar la cara B, pero existe) sigue también la tradición de los grandes comediógrafos españoles (a los que habría que rescatar, pero eso es harina de otro costal), pero puesta al día: una abuelita indefensa, una cariñosa -hasta el hartazgo- cuidadora inmigrante, una ejecutiva apresurada y resolutiva y una inocente hasta la exasperación vendedora inmobiliaria. Las cuatro componen un cuadro que oscila entre lo costumbrista y lo absurdo y que va derivando hacia un thriller de previsible resolución.

Para esta función se ha rodeado Salvatiera de cuatro intérpretes de nivel. Hay que destacar en primer lugar a Enriqueta Carballeira, una veterana actriz muy desaprovechada en nuestros días, llena de personalidad y peso específico. También la demuestran Blanca Oteyza, ejecutiva resuelta; Helena Lanza, convincente como la exasperante en ocasiones cuidadora de la anciana; y Esperanza Elipe, de una comicidad caricaturesca que se ajusta como un guante a su bobalicon personaje. Una comedia que merecería servirse en una vajilla algo mejor.