Enrique Cornejo

Arturo Fernández, un «gentleman» de la escena y de la vida

Dejando al margen el aspecto profesional, Arturo era una parte de la propia historia de este país y además alardeaba de ser buen español, de lo que a mí me gusta presumir también

Enrique Cornejo
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Mi amistad con Arturo era entrañable, no solo por trabajar juntos tanto tiempo, sino mucho más allá, porque llega a lo personal, a una relación de amistad maravillosa. Con él desarparaece un gran rofesional del teatro pero más allá de la vocación, Arturo es parte del teatro mismo. Él era, en su género, irrepetible: la alta comedia la ha desarrolado como nadie, ha rendido culto a los grandes montajes, a la presentación más pulcra, a los textos que le permitían llegar de esa manera al público.

Además de todo esto, de ser sobre todo un gran actor, hay que recordar que dominaba todos los géneros, porque para todos era el «chatín» de la comedia, pero había mucho más. Entre los textos dramáticos que ha protagonizado destaca «La playa vacía», en la que hacía un personaje fabuloso. Le hemos visto también en películas en un periodo no tan lejano, tanto policiacas como de todo tipo, hasta llegar a las románticas, más populares. Pero dominaba todos los registos y era la esencia misma del teatro.

Cuando Arturo, como toda gran estrella de la escena, aparecía sobre las tablas, se llenaba la escena de algo que no se sabía cómo es, pero se notaba que había entrado alguien irrepteible: Arturo Fernández. Decía que la mejor subvención es la taquilla y llenaba una y otra vez los teatros. Eso es lo que ha practicado siempre.

Al margen de que, naturamente, como profesional del teatro, siento profundamente su desaparción, lo lamento mucho como admirador suyo que he sido y como amigo que me he considerado. Dejando al margen el aspecto profesional, Arturo era una parte de la propia historia de este país y además alardeaba de ser buen español, de lo que a mí me gusta presumir también. En muy poco tiempo hemos perdido unos personajes muy importantes: Santiago Moncada, que tantas obra de éxito escribió para Arturo; Alonso Millán, gran dramaturgo; Justo Alonso, productor, y ahora él. En tan corto espacio el teatro se resiente, tiene necesidad de posar sus lágrimas en un recueredo a sus grandes hombres y Arturo está a la cabeza de la lista de esos grandes nombres de la escena.

Empieza ahora, por tanto, un tiempo de memoria. No sabemos en estos momentos cómo va a ser su entierro, o dónde va a estar depositado su cuerpo, pero de verdad que eso da igual, porque Arturo es un recuerdo constante que está bien arraigado en nuestro corazón y que nunca, nunca vamos a olvidar. Ese va a ser nuestro mejor, único y máximo homenaje: no olvidarle y tenerle como referencia del buen hacer en el teatro. Y por supuesto, como amigo que ha sido de tanta gente. Yo me honro en considerame tal.

Se nos ha ido un «gentleman» de la escena y de la vida. Se nos ha ido un caballero. Seguro que va a enconrar la recompensa que merece alguien que se ha ocupado tanto de los demás durante toda suvida, con el fin de hacerles felices gracias a su buen trabajo.

Enrique Cornejo es empresario teatral

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