María Hervás, rodeada por Ignacio Mateos Raúl Prieto, Fran Cantos, Álex García y Martiño Rivas
María Hervás, rodeada por Ignacio Mateos Raúl Prieto, Fran Cantos, Álex García y Martiño Rivas - Vanessa Rabade

El juicio de la Manada levanta el telón

El Pavón Teatro Kamikaze presenta «Jauría» y «Port-Arthur», dos obras de teatro documental

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MadridActualizado:

Al día siguiente de colgarse en las paredes de El Pavón Teatro Kamikaze el cartel de «Jauría», una obra que dramatiza el reciente juicio de la Manada, una pintada manchaba la imagen: «Fuck monetizar los dramas». Miguel del Arco, director del montaje, contestaba: «Si hubiéramos querido monetizar drama habríamos montado “Sonrisas y Lágrimas”». Y es que Del Arco cree que el teatro tiene la obligación y la responsabilidad de aportar reflexión sobre nuestra sociedad, y concretamente esta obra lo hace: «se ha hablado mucho sobre el asunto de la Manada, pero se ha indagado y se ha profundizado poco. Hay en nuestra sociedad una gran acumulación de violencia».

«Jauría» se presenta junto a «Port Arthur» -que dramatiza un interrogatorio policial a un asesino múltiple- en un programa doble (se pueden ver las dos obras juntas o individualmente) de teatro-documento. Son dos textos de Jordi Casanovas, dirigidos el primero por Miguel del Arco y el segundo por David Serrano. Fran Cantos, Álex García, María Hervás, Ignacio Mateos, Martiño Rivas y Raúl Prieto son los intérpretes de la primera, y Joaquín Climent, Javier Godino y Adrián Lastra la segunda. La escenografía y el vestuario son de Alessio Meloni y la iluminación de Juan Gómez Cornejo.

«La palabra literal hace que el espectador no tenga escapatoria -dice Del Arco para valorar el teatro-documento-; le recuerda que fue así como sucedió que todo es verdad aunque sea teatro». Las jaurías que menciona el título, añade, son varias: «es naturalmente la Manada, pero son también las Defensas, con un interrogatorio infame; son los propios movimientos de los cinco acusados, su actitud; y es también el ruido creado en torno al juicio, las manifestaciones, gritos como “Yo sí te creo”. Los jueces sí la creyeron; otra cuestión es la discrepancia entre abuso y agresión».

Lógicamente, para los actores no es una función más, y los ensayos han sido emocionalmente muy duros, aunque Del Arco ha querido «crear un espacio de seguridad para que sean las funciones las que resulten peligrosas». María Hervás es la única mujer en el reparto e interpreta a la joven violada; no se ha intentado acercar a ella ni trata en su interpretación asemejarse físicamente o a su personalidad. «Hemos querido hacer un símbolo poético-teatral». Confiesa la actriz que el proceso de ensayos ha sido «muy duro emocionalmente; fuve las alertas muy bajas, para sentir una empatía muy intensa con la tragedia de esta chica». Pero, con la ayuda de sus compañeros de reparto, «hemos podido atravesar el dolor todos juntos, y la función está siendo catártica; me ha cambiado totalmente como persona».

Adrián Lastra, Javier Godino y Joaquín Climent, en una escena de «Port Arthur»
Adrián Lastra, Javier Godino y Joaquín Climent, en una escena de «Port Arthur» - Vanessa Rabade

Jordi Casanovas es también el autor de «Port Arthur», que dramatiza el interrogatorio que dos policías le hicieron a Martin Bryant, un joven de 28 años autor de una matanza en Tasmania (Australia) en 1996, en la que resultaron muertas 36 personas. En el interrogatorio, el joven aseguraba no recordar lo sucedido y los policías trataron de arrancarle una confesión.

«El interrogatorio es cien por cien real -dice David Serrano-; es un texto duro en muchos sentidos. Los policías son dos seres humanos que están haciendo su trabajo; éste les afecta, y cuesta creer las cosas que defiende. ¿Qué ocurre en la mente de una persona que ha hecho una cosa así? ¿Qué ocurre en el ánimo de unos policías que deben enfrentarse a un caso como éste? ¿Qué nos sucede como espectadores cuando asistimos a una ficción teatral que, aunque sea escénicamente inventada, cuenta con unos personajes que existen o ha existido?»