José Luis Gómez, como Unamuno
José Luis Gómez, como Unamuno - Sergio Parra
CRÍTICA DE TEATRO

«Unamuno: venceréis pero no convenceréis», España frente al espejo

José Luis Gómez dirige e interpreta un espectáculo basado en la obra del pensador vasco

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Aunque en este espectáculo admirable sea un actor quien se mira en el espejo para re-presentar -esto es: traer sus palabras al presente- a don Miguel de Unamuno, es España la que se confronta con el reflejo de su historia a través de la visión del irreductible y ejemplar vasco, que siempre buscó la verdad y no se arredró a la hora de expresarla por encima de sus propias contradicciones. José Luis Gómez, auxiliado por Pollux Hernúñez y con el asesoramiento de Jean-Claude y Colette Rabaté, grandes expertos en la obra del que fuera rector de la Universidad de Salamanca, ha exhumado un copioso tesoro de palabras escritas o pronunciadas por Unamuno en la década de los años 30 del pasado siglo, singularmente en 1936, tras el comienzo de la guerra incivil, como él la definió, y poco antes de su muerte en diciembre de ese año.

Estremece la vigencia de los textos con los que Gómez ha cosido este montaje de tan alta temperatura cívica, contundencia política, oportunidad social y teatralmente tan intenso y rico. Hay algunos que parecen escritos ayer mismo; en esencia, tal vez resulte que, siendo otros, hemos cambiado muy poco. Aparte de las denuncias y los diagnósticos históricos tan precisos y valientes de Unamuno, su visión del ser de España y su mensaje integrador -dice, por ejemplo, que «la Anti-España no es sino otra cara de la misma España que nos une a todos con nuestras fecundas adversidades mutuas»-, el actor y director perfila algunos aspectos de la peripecia personal última de don Miguel para dilucidar los motivos de su exoneración de la responsabilidad del general Franco en la represión posterior al estallido de la guerra. Así, interpreta el conocido incidente en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, cuando Unamuno se enfrentó a Millán Astray el 12 de octubre de 1936, como un acto de expiación por su inicial apoyo a la rebelión militar y porque algunas de sus palabras -«hay que salvar la civilización occidental cristiana»- fueron usadas como coartada intelectual del levantamiento, muy a su pesar.

El espectáculo está estructurado como una preciosa ensoñación, la del actor que mientras se prepara para interpretar a Unamuno contempla cómo se materializa el escritor al otro lado del espejo y mantiene un diálogo con él, algo técnicamente resuelto de manera primorosa por Carl Fillion, autor del sugerente espacio escénico -que conjuga el interior de un camerino y el ámbito de trabajo del pensador- y codirector del montaje con Gómez, quien se metamorfosea en don Miguel -muy lograda la caracterización de Sara Álvarez- y es a la vez, en un difícil juego cronométrico, el actor que intenta encarnarlo; sugestivo guiño a otro tema unamuniano, el de la otredad.