Crítica de Danza

Cuestión de dos..., y la vida sigue

Nadine Gerspacher presenta «Ever after» en el Itálica Festival Internacional de Danza

Marta Carrasco
SevillaActualizado:

El claustro de los muertos de ese monasterio que vió nacer la Biblia del Oso, San Isidoro del Campo, abrió la programación recoleta del Itálica Festival Internacional de Danza con la Compañía de Nadine Gerspacher, una bailarina que también se ocupó de inaugurar la primera jornada del certamen con un espectáculo de calle con el sólo titulado «Nua», en colaboración con Ana Castells.

Nadine Gerspacher en un curioso caso a la inversa de lo que ocurre con la danza en nuestro país. En este caso es una bailarina alemana afincada desde hace nueve años en Barcelona, donde creó su propia compañía.

La propuesta estrenada en San Isidoro del Campo se titula «Ever After», y se trata de las relaciones de un hombre tímido, que no sabe cómo expresarse y que piensa nunca tendrá una mujer en su vida. Sin embargo, un día se cruza Lin y con ese encuentro singular comienza una nueva forma de expresarse.

Nadine Gerspacher es una bailarina con una disciplina y rigor dancístico muy apreciable, y por su parte, Jefta Tanate, ofrece en escena, además de su fortaleza y depurada técnica, y una enorme expresividad y capacidad dramática y cómica.

La obra nos presenta primero a los personajes. El, un solitario que, emulando a Buster Keaton, intenta jugar con una chaqueta que no termina de situar en esa silla que parece clavada al suelo. Ella, una mujer débil, o aparentamente frágil, que va acercándose y alejándose de él, según la obra se desarrolla.

La coreografía podría contar cientos de historias, quizás porque el hilo dramático está poco ajustado o porque las historias de relaciones son todas iguales y tienen las mismas alegrías y desdichas. Como siempre, la vida se repite. La música transcurre por la composición y la mezcla de elementos con amplios momentos de silencios.

La coreografía fija los primeros instantes casi en lo denominado danza contacto, muy terrenal, sin tener en cuenta el aire, auque sí hay varios portés en giro, sobre todo al final, que son muy meritorios.

Ambos bailarines tienen méritos más que de sobra, y aunque se nos escapen algunos instantes del relato, porque tiene picos de atención, hay varios momentos realmente hermosos, sobre todo el instante en el que ambos se sitúan delante de una mesa, estampa que me recordó aquella bellísima coreografía que realizó Mats Ek para Mikhail Baryshnikov y Ana Laguna.

Noche íntima de danza con dos buenos intérpretes que inauguró uno de los espacios mas hermosos de las cercanías de Sevilla, San Isidoro del Campo. Por cierto en la puerta, vecinos de Santiponce vestidos de monje, pedían firmas para la declaración de Patrimonio de la Humanidad de la ciudad romana de Itálica.