Joana Melo, rodeada de dos bailarines, cantando en el agua del montaje de Quorum Ballet
Joana Melo, rodeada de dos bailarines, cantando en el agua del montaje de Quorum Ballet - ABC
Crítica de Danza

El fado también se puede danzar

Quorum Ballet presenta en el Teatro de la Maestranza la obra «Saudade/Back to Fado»

SevillaActualizado:

Joana Melo escribió un fado con una letra premonitoria: «O fado também se pode dançar. Assim já foi e assim pode ser. Só é preciso ter vontade de viver. E dar ao fado o que ele quer». Daniel Cardoso ha cumplido a pie juntillas lo que dice la letra, sobre todo el último verso: «...y dar al fado lo que él quiere». Y eso es lo que ha hecho.

«Saudade/Back to Fado» es una obra creada a mayor gloria del fado, de esa música del tan amado Portugal, tan cerca pero a veces tan lejos, a pesar de los esfuerzos de los poemas de Pessoa o de los libros del Hijo Predilecto de Andalucía, José Saramago, que tanto nos hacen amar al país vecino.

El coreógrafo Daniel Cardoso ha creado una pieza para siete bailarines, inspirada en la obra del poeta portugués Luís Vaz de Camões. El montaje tiene una singular puesta en escena, dominada por la presencia del agua, sobre la que los bailarines danzan y la cantante se sumerge.

Una de las bondades de esta obra es la música en directo, la guitarra portuguesa, un contrabajo y una viola, y mención aparte, la voz de Joana Melo, que es sobre quien pivota todo el montaje de Quorum Ballet.

Joana Melo se convierte así en la «prima ballerina» de «Saudade/Back to Fado», interpretando diecisiete canciones, algunas compuestas por ella y otras por autores como Alfredo Marceneiro, Nóbrega de Sousa o Joâo Gomes entre otros.

La obra tiene esa nostalgia que nos transmite la música portuguesa del fado, aunque éste sea de versión más contemporánea que el fado tradicional. «Saudade» es el dolor de una ausencia, el deseo de algo o de alguien. Es melancolía y también recuerdo y añoranza.

Daniel Cardoso director y coreógrafo de Quorum Ballet, se forjó en las aulas norteamericanas de Martha Graham y tras pasar por varios elencos, fundó en 2005 la compañía portuguesa. Desde entonces su inspiración, en la mayoría de los casos la encuentra en la literatura y la música de su país. En este caso continúa con la intención de difundir la cultura portuguesa, el fado, con un espectáculo que pone más la danza al servicio de la música y no al revés. Es una opción.

Con un lenguaje coreográfico en proceso aún de investigación y fijación, Cardoso compone una danza intimista prestando más atención a los pasos a dos que a los grupos corales de los siete intérpretes de esta obra. Así, hay mucho trabajo de suelo, de danza contacto, y algunos portés de buena ejecución por parte de los bailarines que responden a lo exigido por el coreógrafo.

Cardoso integra a Joana Melo en la coreografía interactuando ésta con los bailarines, incluso en los momentos más plásticos de la obra, cuando se baila dentro de un estanque de agua. Joana Melo ofrece una hermosa y amplia voz y se encuentra cómoda rodeada de danza. Inicia la segunda parte cantando desde el patio de butacas junto a una de las bailarinas y dos de los músicos. También en esta segunda parte se produce el trabajo coral más destacado de la pieza con «Uma vida noutra vida» y «Guitarradas».

Quorum Ballet nos ha traído la música de las doce cuerdas de la guitarra portuguesa y una propuesta coreográfica que refleja el talante contemporáneo de nuestro vecino país.