Rocío Molina y François Chaignaud
Rocío Molina y François Chaignaud - Lolo Vasco
Crítica de Danza

Festival de Itálica: La bendita locura de dos iluminados

Rocío Molina y François Chaignaud presenta el tercer tiempo de «Impulso» en el certamen

SevillaActualizado:

Tercer tiempo de una trilogía titulada «Impulso» que ha protagonizado Rocío Molina junto a tres creadores diferentes en este Festival Itálica 2019. El primero fue junto a Rafael Riqueni, el segundo con la coreógrafa y bailarina Elena Córdoba, y el tercero con el artista francés, François Chaignaud. Sólos los dos, Molina y Chaignaud, con el contrabajo del gran músico, Pablo Martín Caminero, y el público expectante ante lo que íbamos a ver.

François Chaignaud es un polifacético artista, bailarín, coreógrafo, cantante, performance..., acaba de estrenar el pasado mayo un espectáculo que indagaba sobre el repertorio de la monja mística y escritora alemana, Hildegarde Bingen, y una obra suya titulada «Soufflette», será estrenada el 7 y 8 de febrero de 2020 en el teatro Central de Sevilla por el Norwegian National Company of Contemporary Dance/Carte Blanche.

Rocío Molina y François Chaignaud
Rocío Molina y François Chaignaud - Lolo Vasco

La presencia en la escena internacional de este provocador artista francés es habitual, pero nunca había actuado en Sevilla, por lo que el aforo del claustro de los muertos de San Isidoro del Campo aumentó en su número de localidades.

El recoleto espacio aparecía lleno de objetos desparramados por doquier, unas zapatillas de punta, unos calzoncillos sobre el brocal del pozo, unas telas colgadas, y lo que vimos después, unos tacos de chorizo que Chaignaud engulló en una parte de la obra o un teléfono móvil con el que saca fotos ocasionales.

Aparece el francés ataviado con un gorro animal print y una especie de tul que le cubre el cuerpo. Maquillado, con su largo pelo rizado que luego sostendrá con un recogido alto, luce ropa interior de mujer roja. A partir de ahí comenzará una performance asombrosa que en ningún momento deja indiferente al público, y donde tanto Chaignaud como Rocío Molina ofrecen la versatilidad y habilidad de su presencia escénica.

Chaignaud es fascinante. Se sube al primer piso del claustro, con botas de alto tacón y se cuelga peligrosamente hacia afuera; baja y se sube al brocal del pozo que está situado en mitad del patio y se abre de piernas en difícil equilibrio mientras interpreta un cántico medieval impostando la voz en las notas bajas. Para descender de tan peligroso momento, fija su vista en un espectador, le coge su mano, y se sostiene a pulso (menos mal que el elegido es el bailarín Roberto Martínez Losa y sabe cómo ayudarle); se coloca unas zapatillas de punta y comienza a zapatear junto a Molina, situándose en dificilísimo es imposible plié en puntas y en un equilibrio sorprendente que mantiene durante minutos. Ambos zapatean a velocidad, ella con sus tacones, él en zapatillas de punta. Chaignaud pone el corazón del público en un puño con este derroche de imaginación no exento de riesgo real. «Ha sido divertido», diría el artista después de la actuación.

Ambos, Molina y Rocío se colocan una bata de cola e interactuan los dos, el blanco y el negro de los atuendos se entremezclan como los dos cuerpos sobre el suelo. Molina con un abrigo perforado zapatea al son del contrabajo en rapidísimos compases, y hace ritmo con sus manos sobre el cuerpo de Chaignaud. Los artistas ofrecen una y otra vez momentos, gestos, e incluso usan objetos constantemente, y Molina utiliza el arco del contrabajo sobre el instumento mientras Martín Caminero pellizca sus cuerdas. Es performance en su estado puro no exenta de elementos dancísticos, sobre todo del zapateado de Molina.

Han sido tres propuestas muy diferentes, desde la flamenquísima junto a Riqueni, a la discreta de Elena Córdoba, y por último esta impactante locura junto a Chaignaud que ha demostrado la versatilidad de Rocío Molina en registros que hasta ahora vislumbrábamos en ella pero no se habían podido ver en España, aunque sí en sus participaciones en Francia, en museos como el Pompidou. Flamenco, contemporáneo y performance de la mano de esta bailaora que ya ha demostrado puede con otras disciplinas de la escena del siglo XXI.