JUAN FLORES
Bienal de Flamenco de Sevilla 2018

María Moreno fluye sola

La bailaora gaditana estrenó en el teatro Central «De la concepción» con la dirección escénica de Eva Yerbabuena

SevillaActualizado:

María Moreno dice que en su casa, pensaban que iba a ser niño. Que su padre quiso ser torero en el albero y acabó siendo marinero en el agua. Que de niña jugaba a ser bailarina y que ahora baila para seguir jugando.

Y lo que quería María Moreno era fluir sola y ayer lo hizo, eso sí, con la dirección escénica de Eva Yerbabuena, en cuya compañía ha trabajado la bailaora durante diez años. Y además de Yerbabuena, en el apartado musical, Moreno ha «fichado» a Andrés Marín, bailaor y gran conocedor del cante.

La estructura del espectáculo es sencilla en lo conceptual, aunque cuenta con una introducción con música electrónica y de percusión que presenta a la bailaora con una grave seriedad y composición contemporánea, tanto en el espacio como en el diseño de luces, que prima los tonos oscuros, grises. Son cinco movimientos que se desarrollan en cerca de hora y cuarto.

La disposición de los músicos va cambiando a medida que transcurre la obra, e incluso éstos intervienen en algunos momentos con la bailaora. Hay dos o tres momentos, licencias de dirección, e incluso un mi opinión, largo recitativo, con la voz de Lole Montoya.

Pero en la obra, transcurrida la introducción llamada «Concepción» con una seguiriya casi deconstruida, me quedo con dos bailes que esta mujer, que tiene estampa de bailaora antigua, bordó con majestad: por soleá y por cantiñas. El baile de María Moreno tiene esas hechuras que recuerdan a las bailaoras clásicas, aquellas que hacían las escobillas en las alegrías, braceaban en pequeño o «paseaban» la bata de cola. Por el contrario, su soleá tuvo de todo: momentos clásicos y momentos mucho mas contemporáneos, licencias que se permitió, sobre todo en el braceo y la matización de los zapateados.

Por cantiña, bata de cola y mantón, el escenario se iluminó con su baile, con el manejo espectacular del mantón,blanco luminoso, que dobló y abrió a placer, y con su matizado zapateado y gestos.

El cante y la guitarra no fueron a la zaga, todos los intérpretes estuvieron más que a la altura, por ello el espectáculo no tuvo ni un momento de «cojera», aunque resultaran un tanto chocantes las transiciones con la música electrónica de volumen estridente.

Al final, con la voz inconfundible de Rocío Jurado, y todo el teatro abierto, hombros y chácena, María Moreno acabó con su mantón y bata de cola sentada en medio del teatro..., con la majestad de una estampa del XIX y la flamencura que le corresponde, la del siglo XXI, su tiempo. María ya fluye sola.