Crítica de Danza

La performance africana de la protesta

Nora Chipaumire presenta «N!gga» en el Festival de Danza de Itálica

SevillaActualizado:

El Itálica Festival Internacional de Danza presentó su primera incursión en la danza africana, o mejor dicho, de intérprete nacida en ese continente aunque habitualmente viva hoy día en Nueva York. Nora Chipaumire es una coreógrafa e intérprete nacida en Zimbabwe en 1965. Su trabajo se centra en los estereotipos raciales y de género, haciendo especial hincapié en la denuncia de la colonización en los países africanos. En 2008 se estrenó «Nora», una película documental basada en su vida.

Nora Chiapumire es una performer muy poco clalificable. Su inspiración tiene tres pilares fundamentales: Patti Smith, Grace Jones y el músico congoleño Rit Nzele. Sus trabajos sobre Africa incluso han investigado sobre el paisaje artístico de Zimbabwe, su país, después de años de independencia, y cuestiona las limitaciones y los beneficios de lo que significa vivir fuera de la cultura nativa. Realiza sus performances en lugares tales como el Kumble Theatre for the Performing Arts en el campus de Brooklyn de la Universidad de Long Island, entre otros.

En el Festival de Itálica, Chipaumire ha presentado «N!gga» que se puede traducir como «negrata», obra en la que claramente denuncia el capitalismo racista que sustentó el proyecto colonial y revalúa qué es la condición de ser negro.

El montaje es más una performance que un espectáculo de danza. La escenografía se compone de grandes paneles de madera y soportes en los que se pueden ver los logos de grandes casas de moda, Yves Saint Laurent, Gucci, Chanel, Louis Vuitton..., en clara provocación al colonialismo invasor, en este caso del consumo. Chipaumire, tocada con una corona, igual que el otro intérprete de la obra, está en una posición elevada, sentada sobre una especie de silla africana de madera, y con lo que parece un bate de beisbol en la mano (¿la opresión?). A sus pies un guitarrista que interpreta y acompaña la banda sonora que se controla a través de un ordenador en el mismo escenario.

La intérprete no abandonará este «trono» durante los sesenta minutos, mientras que la expresión corporal la realiza un intérprete en solitario que realiza una danza libre mezclada con expresiones y textos a conjunto de Chipaumire, con una danza que evidencia claramente el folklore africano.

Habla la creadora en inglés, francés, alguna palabra en español y un lenguaje africano. Pero el texto se pierde. Pillo de milagro las palabra «nigger», «negro», «black man», y «espacio Gucci», pero este collage sonoro pierde su objetivo al no ser entendido por el público. Cuenta una y otra vez hasta «seven» y me recuerda las performances de la genial Esther Ferrer en los noventa.

Y la música se muestra trepidante cuando comienza el ritmo de la «rumba congoleña» para la que al final Chipaumire consigue sacar a bailar al escenario a parte del público, que se entrega a últimos quince minutos de danza compartida.

Me gustó la energía del espectáculo, lo que Nora Chipaumire consigue sólo con su voz, y la música de fondo en cuanto a la composición de una performance sonora. La danza, escasa. Lo demás, se quedó en Brooklyn.