Juan Echanove y Ricardo Gómez en el sevillano Lope de Vega
Juan Echanove y Ricardo Gómez en el sevillano Lope de Vega - Vanessa Gómez
Lope de Vega

«Rojo», las heridas del arte en Sevilla de la mano de Juan Echanove y Ricardo Gómez

La obra, sobre la relación de Mark Rothko y su asistente, está en cartel hasta el domingo en el Teatro Lope de Vega

SevillaActualizado:

Hasta hace casi un año, el único lugar donde se podían encontrar juntos en unos créditos los nombres de Juan Echanove y Ricardo Gómez era en «Cuéntame».

Ahora, con ambos fuera de la serie, hay que buscarlos en las carteleras teatrales de España con «Rojo», una obra sobre el mundo del arte que no deja de ser una reflexión sobre la vida, que llega estos días al Teatro Lope de Vega tras haber sido uno de los éxitos de la cartelera madrileña.

«Estuvimos trabajando muchos años en al misma serie de televisión, pero no rodamos juntos ni cuatro días, porque nuestras tramas no se cruzaban, pero nos conocíamos mucho. Ricardo Gómez es uno de esos intérpretes que comienzan con seis años y que se convierten con el tiempo en los mejores actores de su país», afirma sobre su compañero de reparto Juan Echanove.

«Rojo» será el debut de Ricardo Gómez en el Lope de Vega, un teatro en el que Echanove, que también dirige el montaje, se encuentra como en casa, ya que ensayó durante dos meses en los años 90 «El cerdo», una obra clave en su carrera.

Ahora regresa con una obra firmada por John Logan, autor de los guiones de «Gladiator» y «Skyfall», que aborda el mundo del arte a través de las figuras de Mark Rothko, uno de los grandes pintores estadounidenses del siglo XX, y su asistente Ken, representante de la sensibilidad pop que dejará atrás el dominio del expresionismo abstracto que cultivaba su maestro.

El punto de partida de la obra es un hecho real: el encargo que recibió Rothko para pintar una serie de murales para el exclusivo restaurante Four Seasons del icónico rascacielos Seagram de Nueva York, el más caro de la historia del arte desde la Capilla Sixtina. Tres años después, el pintor canceló el encargo, devolvió el dinero y donó los murales a la Tate Modern londinense.

Aquí arranca un espectáculo que muestra las profundas heridas que produce el arte y la vida, en un texto «de gran profundidad que plantea cuestiones como la mercantilización del arte o cuándo la obra deja de ser del artista y lo es del público», explica Ricardo Gómez antes de aclarar que los Rothko y Ken son en «Rojo» «dos personajes complicados y llenos de contradicciones».

«La pintura para ambos personajes es algo completamente distinto, pero ambos tienen la necesidad de plasmar el dolor en el lienzo», explica Echanove

Porque si el asistente representa la ilusión, lo nuevo y el pop-art que están a la vuelta de la esquina en los años 50 del siglo XX, Rothko, en cambio, es un personaje «alcohólico, violento y maltratador, un hijo de puta», señala gráficamente Echanove, que ha dirigido también esta obra.

Teatro por encima de todo

Y añade: «La pintura para ellos es algo completamente distinto, pero ambos tienen la necesidad de plasmar el dolor encima del lienzo. Son dos pintores trascendentes y por eso se tiran a degüello el uno con el otro».

De hecho, ambos asumen la obra como si fueran trapecistas que dan «un triple salto mortal», en palabras del veterano actor, de una intensidad tal que les es imposible afrontarlas con ensayos a la italiana —sentados uno frente a otro leyendo el texto—. La última vez que lo intentaron en un hotel de La Coruña, añade, «nos llamaron la atención de recepción por los gritos que nos estábamos dando».

«Es una función que tiene sus heridas dolorosas pero también un sentido del humor que destila sangre», mantiene Juan Echanove, un actor al que le gusta trabajar con un joven talento como Ricardo Gómez. Para este último, su compañero es «un ejemplo a seguir, pues siempre ha respetado el teatro por encima de todo».

Porque «Rojo» es una obra que se aleja del mero entretenimiento, para reflexionar sobre la condición humana. «Cuando me subo al escenario lo que trato es de poner un espejo para que el público vea como reconocible el comportamiento de unos personajes, y después se vaya a casa y lo piense», concluye Echanove.