Iván el Campeador
Iván Fandiño saluda con el capote al toro, frenado y con las manos por delante - Ricardo ordóñez

Iván el Campeador

Fandiño corta la única oreja a una descastada corrida de Bañuelos en Burgos

Actualizado:

Polvo, sudor, hierro. Iván Fandiño machadianamente cabalga, esta vez con una corrida de Bañuelos con menos casta que los patos del Arlanzón. En parajes del Cid, volvió a campear con verdad, la verdad que de palabra y obra proclama, en ese ruedo del Plantío que parece tener los días contados por capricho político.

De ese destierro al que la afición burgalesa se puede ver abocada, conoce un rato el de Orduña, que ha comenzado a paladear la gloria tras sinsabores pasados. Tuvo que llegar Madrid para que se cantara el heroísmo de un torero con cualidades de ese guerrero de hazañas alabadas.

Lealtad a las esencias demostró en las tres verónicas y media al segundo, que derribó al picador en un puyazo traserísimo. El «¡ooohhh!» brotó cuando «Florete» salió del peto con el pitón partido. Era la apuesta del ganadero, pero este 71 tuvo que ser devuelto.

Corrió turno Iván el Campeador y salió el anunciado en quinto lugar, el más serio de lo que llevamos de feria. Vibrantes lances en el recibo y exposición de la cuadrilla con los palos. No invitaba al optimismo el manso «Mentiroso», aquerenciado en tablas.

Metido entre los pitones

La autenticidad se impuso al engaño. Y el único que lo vio claro fue el matador, que brindó al público y citó desde los medios para ejecutar el péndulo. No pareció el arranque más acorde para un animal así. Fandiño hubo de acortar distancias hasta cincelar un trío por la espalda meritísimo. Sin más, la izquierda y tres naturales grandes, despaciosos, entre las rayas.

Muleta bien colocada y nueva serie con la zurda, empañada por el poco fuelle del rival. Con la mano de escribir aguantó parones con los pies atornillados en la arena. Literalmente metido entre los pitones, el diestro vasco exprimió gota a gota otros cuatro derechazos.

Se descalzó, tal vez en señal de abandono, para dejar unas mondeñinas que daban miedo. Se volcó en el estoconazo y fue recompensado con una merecida oreja después de una melodía de desconcertante valor. El sobrero quinto, el más voluminoso, fue una porquería desbravada, como todo el encierro. Fandiño sólo pudo demostrar su entrega, aunque no merecía el remiendo tanta largura. La tizona no le acompañó esta vez.

Lo mejor

«Valeriano» se llamaba el primer toro; intranquila fue la faena de su matador. Se vislumbraron potables condiciones en este bañuelos cuando El Cid le ganó terreno en las clásicas verónicas del saludo, lo mejor de su actuación. Chicuelinas para la desmemoria y muleta sin acople después de un buen par del Boni. El blando cuarto sólo invitaba a enviarlo con sus antepasados, y de una eficaz estocada lo cazó el de Salteras.

Daniel Luque arrancó de rodillas en una declaración de intenciones, que se quedó en eso, pues al incorporarse empezó a batirse la «Ligeresa». Toro y torero aburrieron hasta al reloj. La ración de insípida mayonesa prosiguió en el manejable sexto tras una afanosa labor, con algún muletazo suelto estimable.

Con los toros del frío de Bañuelos llegó la calor, pero sólo en el termómetro de la presentación, superior a anteriores tardes. ¿Dónde se quedó la bravura? ¡Vaya petardo!