Espartaco, sonriente en la Maestranza
Espartaco, sonriente en la Maestranza - reuters

Espartaco: «Aún perdura el escalofrío que sentí cuando mi hijo me cortó la coleta»

El maestro continúa en un sueño tras su triunfal despedida en Sevilla

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«Fue la retirada soñada, el triunfo del toreo». Juan Antonio Ruiz Espartaco es un hombre pletórico tras su exitosa despedida del pasado Domingo de Resurrección en Sevilla, cuando varios compañeros le sacaron a hombros por la Puerta del Príncipe [así te lo contamos en directo].

«Soy un hombre plenamente feliz. Después de todas las preocupaciones y los miedos que pasé antes de la corrida, volver a sentir Sevilla como la sentí, y el cariño y el respeto con el que me trataron mis compañeros, fue algo tremendamente emocionante», reconoció el maestro.

Catorce años después de su última tarde, también en Sevilla y en Domingo de Resurrección, Espartaco volvió a enfundarse un terno de luces para darle la alternativa a su paisano y pupilo Borja Jiménez, y para cortarse definitivamente la coleta en la plaza que más le ha dado en su carrera, la de Sevilla, su tierra, en la que ha vivido tantas y tantas tardes de gloria.

Tres generaciones

«Jamás pude imaginar que la tarde de mi adiós iba a salir así, y no por las orejas que corté, pues a estas alturas de mi vida el reto y las sensaciones eran más personales que profesionales, pues mi objetivo era despedirme de 'mi plaza', con mi padre al lado y con mi hijo pequeño que nunca me había visto torear», comentó el torero de Espartinas a Efe.

«No puedo seguir porque es imposible. Yo ya no estoy para estos trotes»

Y añadió: «Gracias a Dios salió todo redondo, ni en mis mejores sueños hubiera imaginado algo así, pues era consciente de que volver a torear en Sevilla a mi edad y después de tanto tiempo apartado de los ruedos era una locura que, por fortuna, salió bien. Fue algo único, un debut y una retirada al mismo tiempo; las emociones no han podido ser más fuertes».

Espartaco cortó una oreja de cada toro de su lote, de la ganadería de Juan Pedro Domecq, en dos faenas en las que volvió a hacer gala de unas virtudes que, a pesar de los años, se mantienen inamovibles en él como el temple, la torería y la pasión con la que interpretó el toreo toda la tarde.

«Esa era una de mis grandes preocupaciones, saber si era capaz de sacar todo eso que llevo dentro y que, por cuestiones de edad y de facultades, llegas a dudar si puedes lograrlo. Pero cuando al final se consigue vencer a los medios, a las dudas y a la angustia interior, y vuelves a sentirte tú después de 14 años, da una alegría tremenda y se disfruta muchísimo más delante del toro», confiesa.

El momento más emocionante

El momento más emocionante de la tarde fue cuando su padre y su hijo pequeño procedieron al corte simbólico del añadido que significaba su retirada definitiva, y, también, cuando numerosos toreros de ayer y hoy se tiraron al ruedo al finalizar la corrida para auparle a hombros y sacarle por cuarta y última vez en su carrera por la Puerta del Príncipe de la Maestranza.

«Cruzar la Puerta del Príncipe fue el momento más grande en 36 años como matador»

«Imagínese la cantidad de emociones que pude sentir. Ver a mi padre, que lo ha sido todo para mí en mi carrera, y a mi hijo, al que juré que iba a verme un día torear en Sevilla, cortándome la coleta... me entró un escalofrío de esos que aún perduran y perdurarán mientras viva», dice Espartaco.

«Y cruzar otra vez el umbral de la Puerta del Príncipe a hombros de tantos toreros y tantas figuras de la actualidad, y ver tanta gente esperando mi salida, gritando y vitoreando mi nombre hasta que me dejaron el hotel fue más que un sueño, el momento más grande en 36 años como matador de toros», añade.

Su última corrida

A pesar del triunfo cosechado y de lo bien que se le vio toda la tarde, Espartaco ratifica que fue su última corrida en activo, y que a partir de ahora seguirá disfrutando del toreo «de otra manera».

«No puedo seguir porque es imposible. Esta profesión es muy sacrificada y hay que estar muy preparado, y yo ya no estoy para estos trotes. Ahora le toca a otros tirar del carro, como a Borja o a su hermano Javier, dos chicos a los que conozco de pequeños, a los que quiero mucho, y a los que apoyaré siempre que me necesiten para alcanzar el sueño de ser figuras del toreo», señala.

Por eso, a partir de ahora, Espartaco desea vivir «una vida normal», la misma de los últimos 14 años. «Jamás podré desvincularme del toreo, pues tengo mi ganadería y seguro que torearé algún tentadero o algún festival, pero ahora lo que quiero es vivir mi vida con mi familia y mis amigos, sacar a mis hijos adelante y cuidar todo lo que Dios me ha dado», concluyó.