Fermín Bohórquez, en un par a dos manos
Fermín Bohórquez, en un par a dos manos - fabián simón

Fermín Bohórquez, jerezano y caballero

Se despide de los ruedos en Zaragoza en un cierre de feria en el que Lea Vicens salió a hombros

ángel gonzález abad
Actualizado:

La tarde en lo sentimental fue para Fermín Bohórquez, que dijo adiós después de tres décadas en los ruedos. En lo taurino, a la joven francesa Lea Vicens se la llevaron a hombros por la puerta grande tras cortar dos orejas al sexto toro en una actuación plena de entrega, rematada de forma contundente con los aceros. Se volvió a llenar la Misericordia y se volvieron a vivir intensos momentos.

Fermín Bohórquez ha pasado toda una vida en las plazas desde que a mediados de los ochenta toreó por primera vez en público y también mucho tiempo ha pasado desde la alternativa en su Jerez de manos de su padre, el gran Fermín, con un cartel de otra generación completado por Vidrié, Vargas, Bedoya y Buendía. En los noventa se consolidó como figura del rejoneo y desde entonces hasta ayer, cuando las lágrimas manaban con cada recuerdo, con cada lance, con las ovaciones que los aficionados zaragozanos le tributaron por todo lo que hizo en el ruedo, que fue mucho, y por el reconocimiento al torero que decía adiós. Sus compañeros de cartel así lo entendieron y le obligaron a hacer el paseíllo por delante en solitario.

Fallos con el rejón de muerte

Jerezano y caballero, se leía en una pancarta que asomaba sobre la balconada de una grada, y esas fueron sus armas en la despedida, que no tuvo aires de triunfo porque el rejón de muerte le jugó una mala pasada. Estuvo toda la tarde entregadísimo, quería disfrutar cada momento, y eso se notó en sus dos actuaciones. Hizo todo muy puro, sin apenas concesiones a la espectacularidad. Arriesgó además mucho. Los dos pares de banderillas a dos manos a su primero demostraron que no venía a mendigar ni un aplauso. Al contrario, los provocó y muchos.

En cuarto lugar saltó a la arena «Oscurito», un cinqueño de su ganadería de 562 kilos. Antes sacó al ruedo a su cuadrilla y a todos sus ayudantes para brindarles la última faena. Montó en ese trance a «Rubia», «Bohemio», «Melero» y «Moraíto». Se fue a portagayola, templó las embestidas, clavó siempre al estribo, sin ventajas, de poder a poder las banderillas y cuando ya rozaba el triunfo, se le atragantó la hora de la verdad. Entre lágrimas le llegó una cerrada ovación.

Hermoso de Mendoza le brindó el segundo. A él y al mayoral de su ganadería, José Luis Salguero. Sin duda recordó aquella tarde del Pilar de hace mas de 21 años en la que el navarro entró sustituyendo precisamente a Bohórquez y salió consagrado como máxima figura del rejoneo junto a su mítico caballo «Cagancho». Ayer Hermoso volvió a sentenciar el porqué del lugar de privilegio que ocupa. Y para que el caballero jerezano no se sintiera solo, también falló con el rejón de muerte.

Quien no perdió la oportunidad de reivindicarse entre dos figuras fue Lea Vicens. Comenzó un tanto nerviosa y acabó dominando la situación y al público, que se le entregó con pasión. Los fallos del primero se convirtieron en aciertos plenos con el sexto. Una faena siempre a más, muy templada en ocasiones, muy torera en la preparación y en la salida de las suertes. Formó un alboroto que culminó con un rejonazo que tumbó patas arriba al de Bohórquez.

Feliz salida a hombros. A pie dejó a las dos figuras, que no es poco para quien empieza.