Eduardo Arroyo
Eduardo Arroyo - EFE

Así cosió Eduardo Arroyo un vestido de torear casero en Italia

«De todos es sabido que la tauromaquia vuelve tarumbas a los artistas», escribe el pintor en «Bambalinas»

MADRIDActualizado:

Como una receta de cocina explica el pintor Eduardo Arroyo (Madrid, 1937) la confección de un traje de luces. El artista relata en su libro «Bambalinas» -producto de lo que llama «literatura de vagabundeo»- la manera de hacer un vestido de torero casero, de quita y pon. «Basta con respetar los tiempos y las cantidades», escribe. Con alma de costurero, así lo relata en el capítulo «Prêt à porter»:

«Si uno vive en Italia debe agenciarse una boina negra y caparla. En italiano, a la boina se le llama basco. Compre un basco donde pueda, cosa en cada lado dos amplias pelotas de lana también negras, y pronto se encontrará en sus manos con una discreta montera. La chaqueta de un viejo esmoquin blanco de verano, una vez recortados sus bajos sin que nos tiemble el pulso, nos hará ver que no es tan difícil fabricar una chaquetilla. A modo de hombreras o charreteras se utilizarán sendos patines de los que echan mano las amas de casa para evitar que botas y zapatones manchen el parquet. Se adornará el conjunto con retales, flecos y alamares varios».

«Los artistas se hacen fotografiar disfrazados de toreros, aunque nunca con el toro cerca»

¿Y para la taleguilla? «Basta el pantalón de un pijama blanco, una de esas prendas que se encuentran en el fondo de un armario y que nunca utilizamos. En resumidas cuentas, hemos confeccionado lo que en lenguaje usual llamamos pantalón y que termina exactamente debajo de la rodilla. Añadiremos, si los tenemos a mano, unos machos y unas borlas».

Una regla como estoque

El broche de su «receta» del traje de luces casero: «Añadiré que las medias rosas, la corbata malva y la camisa blanca se encuentran fácilmente en tiendas y mercados. En cuanto a las zapatillas, se puede hacer lo que yo hice: pintar al óleo con un tubo de negro de marfil una playeras. Para la muleta también se puede seguir mi método: me serví de un mantel rojo y de una larga regla de cálculoa modo de estoque y, de esta manera, rematé el vestido del torero pintor Aldo Mondino. Este y Michel Leiris, ambos amantes de los toros, vivieron las mismas ensoñaciones». A las ensoñaciones toreras se refiere.

En medio de su definición hace referencia a la obra «Sangre y arena» de Vicente Blasco Ibáñez, cuando el criado ofrece a Gallardo «los calzones de lidia cosido por sus extremos». Y también cita a Luis del Campo como «el mayor experto en el traje del torero», para abordar el asunto de la taleguilla, desde las discretas a aquellas que resaltan las «partes pudendas…»

Arroyo peregrina por sus recuerdos en «Bambalinas» y cuenta que en los años setenta, en Calice Ligure, cerca de Albisola, cosió un vestido para Aldo Mondino, «que se consideraba torero como todos los pintores y como otro de los nuestros, el pintor Adriano Bocca. De todos es sabido que la tauromaquia vuelve tarumbas a los artistas, que se hacen fotografiar disfrazados de toreros, de matadores de toros, aunque nunca con el toro cerca: Aldo Mondino, Pablo Picasso, Jacques Hérold, Benjamin Péret, Remedios Varo, Hans Markart, Arturo Rubenstein, Alfred Flechtheim, Fernando Botero, Guy de Rougemont, Karl Flinker, Giorgio de Chirico, Modesto Cuixart, Rudolf Levy, Ambroise Vollard, Kurt Kramer y yo, naturalmente».

Pasión por la Fiesta.