Diego San Román abrió la Puerta del Encierro
Diego San Román abrió la Puerta del Encierro - Efe

Diego San Román estrena la Puerta del Encierro en San Fermín

El mexicano corta dos orejas a un novillero de Pincha premiado con la vuelta al ruedo

Efe
PamplonaActualizado:

El mexicano Diego San Román, que le cortó las dos orejas a su primero, salió hoy a hombros por la llamada Puerta del Encierro de la plaza de toros de Pamplona, donde con esta novillada de "aperitivo" comenzaba el gran "banquete" taurino de los Sanfermines.

La actuación del novillero azteca con ese tercero de la tarde-noche fue redonda, especialmente con la muleta, con la que cuajó de principio a fin al que iba a ser el único utrero con verdadera bravura y entrega del encierro de la ganadería navarra de Pincha, que pasta en tierras de Lodosa.

Al revés que casi todos sus hermanos, tuvo "Ofuscado", que así se llamaba este novillo premiado finalmente con una generosa vuelta en el arrastre, unas docenas de embestidas entregadas y de mucha transmisión que San Román supo conducir con mando y progresivo temple en largas series de muletazos.

Tanto los derechazos como los naturales del mexicano estuvieron marcados por el largo trazo que recorrió el engaño y el sólido asentamiento sobre la arena del novillero, sometiendo así la fuerza del astado hasta que comenzó a pararse y a querer salirse de las suertes, momento que San Román aprovechó inteligentemente para irse a por la espada de verdad.

Pero antes de la gran estocada con que lo tumbó, aún hubo tiempo para que le redondeara dos excelentes circulares invertidos, ligado el segundo a un templadísimo cambio de mano, que terminaron de ameritar las dos rotundas orejas que paseó y que le sirvieron para salir a hombros hacia el recién instalado vallado del encierro después de dejar la sensación de novillero cuajado y capaz.

El sexto utrero ya fue muy distinto pues, aunque pareció tomar bien las telas en los primeros tercios, empezó a dolerse y a medir al torero en cuanto San Román se puso con la muleta, lo que no fue óbice para que, con gran firmeza, aún hiciera el esfuerzo de intentar meterlo en el canasto hasta acabar entre los pitones, solo que esta vez la espada no entró a la primera.

El resto de la novillada de la tierra apenas dio opciones de triunfo, salvo un cuarto que, con la raza medida y sin emplearse en exceso, sí que tuvo una manejable nobleza. No terminó Francisco de Manuel, en cambio, de cogerle el aire al de Pincha, al que toreó sin muchas apreturas aun a costa de llevarse una voltereta de la que salió ileso.

Antes, De Manuel, que no se pareció mucho al enfibrado novillero que triunfó en esta misma plaza hace justo un año, se había fajado con un primero de violenta aspereza sin posibilidad de encontrar un mínimo lucimiento.

También sacó mal estilo el segundo, que, de quererse rajar, pasó a desarrollar sentido en cuanto Antonio Grande quiso llevarle la contraria. No sin apuros, el salmantino insistió con tesón y sin brillo, el que tampoco logró ante un quinto que se afligió tras salir del caballo y al que solo en ocasiones él llegó a coger el pulso con la muleta.