El doctor Máximo García Padrós ha visitado esta mañana al torero
El doctor Máximo García Padrós ha visitado esta mañana al torero - Web oficial de Manuel Escribano
San Isidro

Manuel Escribano evoluciona favorablemente tras la grave cornada de 25 centímetros

El torero «tendrá que permanecer unos días más» en la madrileña clínica de La Fraternidad después de la fuerte hemorragia que sufrió

MadridActualizado:

El torero Manuel Escribano, herido de gravedad en la corrida de ayer en la madrileña plaza de Las Ventas, evoluciona «bien» de la grave cornada sufrida, según el doctor Máximo García Padrós, informa la agencia Efe. Mediante nota de prensa, la comunicación del torero ha anunciado que éste «tendrá que permanecer unos días más en el hospital La Fraternidad de Madrid».

Escribano sufrió una fortísima cornada de 25 centímetros que le atravesó el muslo izquierdo y que provocó importantes destrozos musculares además de contusionar la vena femoral y colaterales.

Se encuentra ingresado en una habitación de planta de la madrileña clínica de La Fraternidad y «de momento es muy pronto, pero los drenajes han funcionado bien. Ha pasado la noche con los dolores lógicos y sin fiebre».

El pitón se hunde en el muslo izquierdo de Manuel Escribano durante la decimoséptima corrida de San Isidro, el jueves 30 de mayo de 2019
El pitón se hunde en el muslo izquierdo de Manuel Escribano durante la decimoséptima corrida de San Isidro, el jueves 30 de mayo de 2019 - Paloma Aguilar

«El tratamiento de antibióticos, analgésicos y antiinflamatorios está dando su resultado, y ahora hay que esperar a regular algunos desbarajustes en la analítica debido la fuerte hemorragia que sufrió», manifiesta el doctor Padrós.

El cirujano jefe de la plaza de toros de Las Ventas asegura que la cornada era «muy fuerte», y que en la enfermería de la plaza se trabajó a contrarreloj para estabilizarle en un primer momento y cortar la profusa hemorragia con la que entró por la cantidad de venas colaterales dañadas en el percance.

En ese sentido, fue crucial la magnífica respuesta del subalterno Hazem Al-Masri, «El Sirio», que desde que recogió a Escribano en el albero fue taponando el boquete con sus propias manos para evitar que perdiera todavía más sangre.