José María Manzanares hace el paseíllo en la Corrida de Beneficencia
José María Manzanares hace el paseíllo en la Corrida de Beneficencia - ABC

Manzanares: «Creo que mi padre estaría orgulloso de mi faena en Madrid»

Protagonista de una tarde histórica en San Isidro, analiza su obra de arte en la Corrida de Beneficencia

ANDRÉS AMORÓS
MADRIDActualizado:

Con una sola faena, ha puesto boca abajo todo el mundo taurino. Ha sido en la corrida de Beneficencia, el 1 de junio, delante de Don Juan Carlos, lidiando al toro «Dalio», de Victoriano del Río: ha cortado dos orejas; el público le ha pedido el rabo con una intensidad como hacía años que no sucedía, en Madrid; ha salido en hombros por la Puerta Grande. Todo el mundo –aficionado o no– habla ahora de él. Se llama José María Manzanares. Al día siguiente de su gran triunfo, habla para ABC.

–¿Cómo te has encontrado al despertarte, esta mañana (por ayer)?

–Feliz, orgulloso; también, con sentimientos personales encontrados, por muchos motivos; pero, sobre todo, muy feliz.

–Sólo has querido venir una tarde a San Isidro.

–Ya lo hice el año pasado. En los toros, nunca se sabe, pero creo que es mejor venir con una de las ganaderías que crees que te va a permitir expresarte.

Manzanares, con el mentón hundido, a la verónica
Manzanares, con el mentón hundido, a la verónica - ABC

–El toro fue magnífico.

–Sí, desde los lances de recibo, mostró una calidad extraordinaria; sobre todo, por el izquierdo. Creo que ha sido el toro soñado para torear, en Madrid. Y, para mí, una suerte, poder disfrutarlo.

–Para algunos, este éxito tuyo, tan rotundo, ha sido una sorpresa.

–Lo entiendo: como artistas, dependemos de tantas cosas... En general, no me gusta hablar de estadísticas, de trofeos, aunque tengan su importancia. Al principio de mi carrera, era algo esencial, claro. Con trece años de alternativa, ya no lo es. Más que el triunfo, busco ahora crecer como artista, expresar lo mejor posible lo que llevo dentro.

–Opinan algunos que ésta ha sido la mejor faena de tu vida.

–No lo sé, la verdad, pero ha sido increíble... Cada Plaza, cada tarde, tienen algo especial pero... En el fondo, yo creo que sí: de lo que ahora mismo recuerdo, es la faena de la que me siento más orgulloso.

–Muchos nos hemos acordado de tu padre.

–El primero, yo. Desde que falleció, no dejo de acordarme de él, cada segundo de mi vida. Ha sido, para mí, lo más importante: como padre y como profesional. Me lo ha enseñado todo.

La naturalidad y el sentimiento del natural
La naturalidad y el sentimiento del natural - Afp

–¡Cómo hubiera disfrutado él con esa faena!

–Estoy seguro de que sí. Durante la faena, delante del toro, me acordaba mucho de él. Por eso me emocioné tanto al final: al volver a la barrera, ya no pude contenerme...

–Las chicuelinas de manos bajas eran un homenaje a él.

–Así me enseñó él a darlas, con esa técnica; luego, lógicamente, varía mi forma de interpretarlas.

–El público de Madrid, otras veces tan exigente contigo, esta vez se rindió.

–Para que una tarde sea tan redonda, ¡hacen falta tantas cosas! Depende del toro, del estado de ánimo de la Plaza, de uno mismo... Todo ha de unirse, en armonía. Creo que ésta ha sido mi faena más bonita, en Madrid. Siempre me he sentido a gusto en esta Plaza, por grande que haya sido la exigencia.

–Opinaban algunos que estabas en horas bajas.

–Creo sinceramente que no es así. Como torero me encuentro muy bien, en el mejor momento de mi carrera, pero mis prioridades han cambiado. He sacrificado muchas cosas para conseguir otras.

–¿Qué es lo que ahora buscas?

–Sobre todo, intentar torear lo más natural que sea posible. Y, a la vez, con pasión, pero que no se vea nada forzado, que no tengas ni que pensar lo que haces: todo debe fluir de modo natural, como el agua...

–Así surgieron los pases naturales.

–Así los sentí yo: sin nada de brusquedad; todo continuo, armonioso; nada violento ni forzado. Pero lograr eso no es nada fácil...

Manzanares pasea emocionado las dos orejas
Manzanares pasea emocionado las dos orejas - Afp

–Alguna gente va a pensar: si es capaz, ¿por qué no lo hace otras tardes?

–¡Dependemos tanto del toro! Esta vez, no usé apenas técnica. Este toro me permitía expresar libremente mis sentimientos...

–La estocada fue al encuentro: es fácil que hubiera quedado mal colocada.

–Lo coloqué para el volapié. Cuando estaba preparándolo, se me vino con franqueza y aproveché. He entrenado mucho esa suerte. ¡Es tan importante el trabajo! De eso depende la confianza en uno mismo; si haces algo con dudas, no suele salir bien.

–Después de este éxito, los públicos te van a exigir más.

–Es lógico, ya me pasó después de la temporada de 2011, que fue tan buena. La exigencia es muy buen síntoma: supone un reto, para el artista.

–¿Va a cambiar en algo tu temporada?

–No lo creo. Desde el comienzo, tengo una idea muy clara de la temporada y la sigo, no depende de que triunfe más o menos, en una Plaza.

–He de entrar en algo personal. Por dolorosa que sea, la muerte de un padre es ley de vida: ¿cómo te ha afectado a ti tanto?

–Es así: yo sigo muy afectado, aun no lo he podido superar. Soy una persona muy sensible. Él me enseñó a ser así. En mi ánimo está siempre presente. Intento superarlo pero no sé cómo. No me importa reconocerlo: soy así y me siento orgulloso de serlo...

–Tu abuelo era un gran aficionado, daba gusto hablar con el de toros. ¿Crees que le hubiera gustado esta faena?

–Era muy exigente pero espero que sí. Creo que me acerqué un poquito a lo que a él le gustaba: torear con los talones asentados, metidos los riñones, jugando la cintura...

–¿Y a tu padre?

–Siempre me sacaba cosas para mejorar. Él me conocía mejor que nadie, hasta dónde podía llegar. Todo su enorme conocimiento de la Tauromaquia lo aplicaba a mí. Creo que , viendo esa faena, hubiera estado orgulloso y feliz.

Orgulloso y feliz, como lo está, ahora mismo, el hijo del gran maestro.