Sebastián Castella, a hombros en Las Ventas
Sebastián Castella, a hombros en Las Ventas - Paloma Aguilar

El milagro de Castella en Alcalá 237: «Estoy orgulloso de ser torero y me la he jugado»

«Aunque parte del público no esté de acuerdo, voy a salir a hombros», dijo el francés

MADRIDActualizado:

No le importaba el dolor tras la brutal cogida. Un milagro que el parte médico se quedara en «una herida en la cara lateral de la parte posterior del pie izquierdo, con contusiones y erosiones múltiples, pendiente de estudio radiológico». Sebastián Castella, de 35 años y natural de Béziers, salió de la enfermería para cruzar la Puerta Grande ganada a sangre y fuego: «Aunque parte del público no esté de acuerdo, voy a salir a hombros, porque me la he jugado. Estoy orgulloso de ser torero, estoy orgulloso de mi profesión», manifestó a los micrófonos de Movistar +.

Castella, a merced del toro
Castella, a merced del toro - Paloma Aguilar

Y añadió: «Hay momentos en los que uno no puede disfrutar toreando como quisiera y hay que arreglarlo de otra manera. En días como hoy, hay que salir a darlo todo, y eso he hecho».

La figura francesa pronunció estas palabras minutos antes de ser izado a hombros por el pórtico de la gloria de Madrid, después de una emocionantísima faena, en la que el torero estuvo «hecho un tío», como dicen los taurinos.

Milagro en Alcalá 237

Castella había renacido tras una bestial voltereta. Así narramos su épica en directo: «Terror en la plaza cuando Sebastián Castella es arrollado y prendido con máxima violencia en el saludo a Juglar. Espantosa la escena. Goya hubiese pintado a la perfección el rostro de los tendidos. Lo cogió literalmente para matarlo, lo zarandeó como un pelele, hecho un ovillo, y lo dejó maltrecho en el ruedo, inerte. El corazón de los tendidos se encogió. Se presentía lo peor. Qué percance más terrorífico. El miedo se palpaba. La tragedia se presentía... La cogida había sido dramática. Su mujer [según apuntó mi compañero David] se levantó y alzó los brazos a la cabeza, al cielo. Cayeron algunas lágrimas de sus cercanos: Noelia, su jefa de prensa, temblaba. Como todos. O como la mayoría. Pero tras ser recogido por los toreros, la figura francesa se incorporó. Milagro en Alcalá 237. El cura del palco 27 puede dar fe de ello. Y Castella, al que solo vendaron el pie izquierdo (¡Dios existe!) se puso a torear. Echó las dos rodillas por tierra en una serie apasionante con el garcigrande embistiendo. Los tendidos se pusieron en pie. Y siguió toreando con un valor frío que puso los tendidos a hervir. Transmitía el toro. Lo que duró... Y Castella aguantó, lo aguantó e hizo un esfuerzo importantísimo. Cuando tomó la zurda, la mano de contar billetes, se hizo el silencio. Había una tremenda expectación para ver al héroe caído y resucitado. Acabó en las cercanías con un desplante a cuerpo limpio. Se tiró a matar o morir. Y enterró un estoconazo. La plaza se vistió de blanco. ¡Dos orejas! Algunos protestaron la segunda. La realidad es que Castella estuvo hecho un tío y la faena se vivió con verdadera emoción».

Sebastián Castella está anunciado otra vez este viernes en su tercer paseíllo en San Isidro: «Quiero torear, aunque sea infiltrado. Esta plaza merece todo». El cartel es también de No hay billetes, con José María Manzanares y Cayetano, frente a toros de Núñez del Cuvillo. La comunión de Madrid con Castella sigue: ya tiene una manita de Puertas Grandes.