Simón Casas y Rafael García Garrido, empresarios de Las Ventas
Simón Casas y Rafael García Garrido, empresarios de Las Ventas - Belén Dïaz
San Isidro

Simón Casas y el sorteo de la Transición: «No queremos ser como Chávez, queremos ser Adolfo Suárez»

El empresario ensalza la presencia de «don Enrique Ponce, maestro de maestros, y don Andrés Roca Rey, máximo figurón del toreo»

MadridActualizado:

Los taurinos se deseaban suerte entre sí tras concluir el sorteo de San Isidro. Al fondo de la Sala Alcalá, el empresario de Las Ventas, Simón Casas, hablaba con pasión del invento de Plaza 1, un plan con el que no persigue una revolución armada, sino una transición democrática. «No queremos ser unos revolucionarios como Chávez, que deja su país como un solar, queremos ser un Gobierno de Transición entre un pasado obsoleto y un futuro esperanzador. Queremos ser para la tauromaquia Adolfo Suárez», manifestó. Sus objetivos de generar expectación y romper moldes los ha conseguido: «Este sorteo permite a la empresa romper moldes con respeto y proteger su parte creativa. Nos permite tener diez carteles con mucho contenido y atractivo». Y subrayó: «Todavía las figuras que no se han apuntado al sorteo tiene la puerta abierta a cualquier otra ganadería de fuera del bombo. Y hay ganaderías muy buenas, como El Pilar, Santi Domecq... O, si quieren una "torista", también está ahí por ejemplo La Quinta. De toda la vida, figuras como don Paco Camino mataron santacolomas». Se refirió a la monotonía habitual en los carteles reiterativos: «Puede ser -dijo- que cuando se empieza a hacer una feria como San Isidro, una figura diga: "Yo quiero esta ganadería". Y otra figura igual...»

Presencias y ausencias

El productor francés, que elogió a todos los matadores del bombo, comentó respecto a las ausencias: «¿Que faltan algunas figuras? Están en su derecho, las admiro y las respeto, pero no hay que olvidar que están don Enrique Ponce, maestro de los maestros, y don Andrés Roca Rey, que por el hecho de pasar por el sorteo se ha convertido, no en figura, que ya lo era, sino en máximo figurón del toreo. Esa es la realidad. A partir de ahí, cada cual tiene sus emociones, sus debates y discusiones, pero con la verdad por delante». Se refirió a la comunión en el sorteo entre Roca y Adolfo: «La suerte es inteligente y hace guiños: aunque solo sea por eso, hemos triunfado». Y añadió: «Tanto Rafael García Garrido como yo, todo nuestro equipo, buscamos, con profesionalismo, creatividad y pasión, el interés del público, la novedad y la comunicación. Hay que acabar con la rutina. Hasta la mejor película, por muy buena que sea, cansa verla repetida cinco veces».

Cada vez más crecido e ilusionado con esta nueva feria que se avecina, en la que ha dado un significativo golpe de timón en el negocio taurino, no se olvidó de un nombre: «Don Emilio de Justo, que ha elegido Victorino y Baltasar Ibán. No ha pasado por el bombo, pero tal y como establecían las reglas, podrá elegir una de ellas, al ser una gran revelación y un habitual de corridas duras».

Simón Casas confía plenamente en el éxito de San Isidro: «Si normalmente hay ocho o nueve carteles de los llamados "atractivos", este año, por lógica y números, habrá quince. A los del bombo, que se rematarán con mucho contenido, con toreros de máxima legitimidad, hay que sumar los llamados toristas y las dos corridas extraordinarias, Beneficencia, que la hacemos en conjunto con la Comunidad de Madrid, y la Cultura, una creación de esta empresa».

Respecto a la división de opiniones y a posibles «tergiversaciones», aclaró que «aquí no existen manipulaciones ni influencias». A modo del «Aquí se muere de verdad», expuso: «Aquí solo existe un compromiso con la tauromaquia, con la feria y con el público». «No sé si el sorteo durará en el tiempo o no, estamos para investigar, para entregarnos a la tauromaquia». También hizo alusión a los «difíciles momentos» que atraviesa la Fiesta y, a modo de velero de Perales, lanzó un canto de amor y libertad: «Estamos en un barco llamado Fiesta de los toros, un barco llamado Arte del toreo, y este barco necesita amor para remar, porque es un barco sin apenas motor por culpa de los ataques. Si no nos amamos dentro, no nos extrañemos que nos maten desde fuera».