Bolas rojas y azules del sorteo isidril
Bolas rojas y azules del sorteo isidril - Belén Díaz

Roca Rey y Adolfo Martín, «Gordo» del bombo de San Isidro

La diosa Fortuna ha querido que Roca se las vea con Adolfo Martín y Ureña se encuentre con Alcurrucén, la ganadería con la que perdió el ojo

Simón Casas y el sorteo de la Transición: «No queremos ser Chávez, sino Adolfo Suárez», dijo el empresario

MadridActualizado:

Doce de la mañana. Traspasamos el umbral de Alcalá, 237. Un apoderado pronuncia una frase en latín, a modo de Julio César cruzando el Rubicón: «Alea iacta est». La suerte estaba echada... Y el destino cabalgaba libremente. Mucho ha llovido desde aquel once de enero del 49 a.C. Pero también ahora la agitación estaba servida este veintiuno de mayo de 2019, en el sorteo extraordinario de San Isidro. Entre dimes, diretes, polémicas y emociones, una joven voz susurró: «Qué ilusión, esto es mágico».

El morbo asomó desde la apertura: la primera bolita azul en descubrirse fue la de Andrés Roca Rey; la roja, la de los hierros, pertenecía a Adolfo Martín. «¡Ya ha salido el Gordo!». Un runrún en la sala: la lotería venteña se inauguraba con la pareja más deseada por la afición: el fenómeno limeño con los grises, a los que enfrentará por primera vez en su novel pero intensa carrera. A Justo Polo y Trinidad López-Pastor, presidentes de Las Ventas, les costaba abrir las bolas más que a la gente del cine los sobres de los Goya. El presentador del sorteo, Rafael Navarro, optó por cascarlas a modo de huevos. Rodaban como los dados en un casino, incluso se hacían apuestas. Despejada la incógnita del Jaguar del Perú, «libre para elegir mi camino», continuaba el misterio, desvelado en este orden: Sebastián Castella, con la divisa de Jandilla; Álvaro Lorenzo, con Garcigrande; Antonio Ferrera, con Puerto de San Lorenzo; Miguel Ángel Perera, con Fuente Ymbro; Ginés Marín, con Montalvo, Enrique Ponce, con Juan Pedro Domecq; Paco Ureña, con Alcurrucén; López Simón, con Parladé, y Diego Urdiales, con la otra corrida de los Lozano (Alcurrucén). La diosa Fortuna quiso que al menos a cuatro matadores les hayan correspondido corrida de las habituales, caso de Castella con los pupilos de Borja Domecq o de Perera con los de Ricardo Gallardo. Y también el destino, cosa que pocos advirtieron, ha querido que Ureña, uno de los toreros más admirados en Madrid, se enfrente en el templo capitalino a la ganadería con la que perdió un ojo el pasado septiembre en Albacete.

Simón Casas y Rafael García Garrido, empresarios de Las Ventas, antes del comienzo del sorteo
Simón Casas y Rafael García Garrido, empresarios de Las Ventas, antes del comienzo del sorteo - Belén Diaz

Al filo de las doce y media, las bolas de los hierros ya tenían destinario. Y todos, a modo de Julio César, buscaban su particular «veni, vidi, vici» (llegué, vi y vencí). Victoriano Valencia, apoderado de Enrique Ponce, se mostraba feliz con la lotería: «¡Qué suerte ha tenido Juan Pedro!», decía sonriente. «Enrique fue la primera figura en tener el gesto de creer y apuntarse al bombo. Podía tocarle cualquier ganadería y apostó». Tomó luego la palabra Juan Pedro Domecq: «La suerte ha sido mutua. Me parece muy positivo hacer este sorteo, su misterio. Es importante hacer cosas distinta, renovar ilusiones». Adolfo Martín también acogía con expectación los caprichos del azar: «Es un aliciente más. Roca es muy joven y no ha tentado ni una vaca en casa, y el destino estaba ahí... Yo estoy contento con él en este cartel». Luis Miguel Villalpando, mentor de Urdiales, se mostraba satisfecho con los Núñez de Alcurrucén: «Es buena ganadería. Todas las del bombo lo son».

Transición democrática

Los taurinos se deseaban suerte entre sí tras concluir el sorteo. Al fondo de la Sala Alcalá, el empresario de Las Ventas, Simón Casas, hablaba con pasión del invento de Plaza 1, un plan con el que no persigue una revolución armada, sino una transición democrática. «No queremos ser unos revolucionarios como Chávez, que deja su país como un solar, queremos ser un Gobierno de Transición entre un pasado obsoleto y un futuro esperanzador. Queremos ser para la tauromaquia Adolfo Suárez», manifestó. Sus objetivos de generar expectación y romper moldes los ha conseguido: «Este sorteo permite a la empresa romper moldes con respeto y proteger su parte creativa. Nos permite tener diez carteles con mucho contenido y atractivo». Y subrayó: «Todavía las figuras que no se han apuntado al sorteo tiene la puerta abierta a cualquier otra ganadería de fuera del bombo. Y hay ganaderías muy buenas, como El Pilar, Santi Domecq... O, si quieren una "torista", también está ahí por ejemplo La Quinta. De toda la vida, figuras como don Paco Camino mataron santacolomas». Se refirió a la monotonía habitual en los carteles reiterativos: «Puede ser -dijo- que cuando se empieza a hacer una feria como San Isidro, una figura diga: "Yo quiero esta ganadería". Y otra figura igual...»

Presencias y ausencias

El productor francés, que elogió a todos los matadores del bombo, comentó respecto a las ausencias: «¿Que faltan algunas figuras? Están en su derecho, las admiro y las respeto, pero no hay que olvidar que están don Enrique Ponce, maestro de los maestros, y don Andrés Roca Rey, que por el hecho de pasar por el sorteo se ha convertido, no en figura, que ya lo era, sino en máximo figurón del toreo. Esa es la realidad. A partir de ahí, cada cual tiene sus emociones, sus debates y discusiones, pero con la verdad por delante». Se refirió a la comunión en el sorteo entre Roca y Adolfo: «La suerte es inteligente y hace guiños: aunque solo sea por eso, hemos triunfado». Y añadió: «Tanto Rafael García Garrido como yo, todo nuestro equipo, buscamos, con profesionalismo, creatividad y pasión, el interés del público, la novedad y la comunicación. Hay que acabar con la rutina. Hasta la mejor película, por muy buena que sea, cansa verla repetida cinco veces».

Cada vez más crecido e ilusionado con esta nueva feria que se avecina, en la que ha dado un significativo golpe de timón en el negocio taurino, no se olvidó de un nombre: «Don Emilio de Justo, que ha elegido Victorino y Baltasar Ibán. No ha pasado por el bombo, pero tal y como establecían las reglas, podrá elegir una de ellas, al ser una gran revelación y un habitual de corridas duras».

Simón Casas confía plenamente en el éxito de San Isidro: «Si normalmente hay ocho o nueve carteles de los llamados "atractivos", este año, por lógica y números, habrá quince. A los del bombo, que se rematarán con mucho contenido, con toreros de máxima legitimidad, hay que sumar los llamados toristas y las dos corridas extraordinarias, Beneficencia, que la hacemos en conjunto con la Comunidad de Madrid, y la Cultura, una creación de esta empresa».

Respecto a la división de opiniones y a posibles «tergiversaciones», aclaró que «aquí no existen manipulaciones ni influencias». A modo del «Aquí se muere de verdad», expuso: «Aquí solo existe un compromiso con la tauromaquia, con la feria y con el público». «No sé si el sorteo durará en el tiempo o no, estamos para investigar, para entregarnos a la tauromaquia». También hizo alusión a los «difíciles momentos» que atraviesa la Fiesta y, a modo de velero de Perales, lanzó un canto de amor y libertad: «Estamos en un barco llamado Fiesta de los toros, un barco llamado Arte del toreo, y este barco necesita amor para remar, porque es un barco sin apenas motor por culpa de los ataques. Si no nos amamos dentro, no nos extrañemos que nos maten desde fuera».