Sebastián Castella, merced del quinto toro de Garcigrande, ayer en San Isidro
Sebastián Castella, merced del quinto toro de Garcigrande, ayer en San Isidro - Paloma Aguilar

«La tarde en que la muerte se paseó insatisfecha por Las Ventas», vista por Calamaro

El artista argentino escribe de puño y letra una artículo sobre la heroica faena de Castella y la lidia a la antigua de Ponce

Por Andrés Calamaro
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La que parecía una tarde sin mucho discurso emotivo se dio la vuelta con el cuarto y el quinto toro ... El cuarto era ingobernable, pero Ponce (le sobra clase, experiencia y conocimiento torero) supo quebrar a un toro que no ofrecía recorrido. Y lo hizo toreando a la antigua, como vemos en los vídeos de toreros centenarios. Fue puro argumento gallista. Quebrar al toro para mandar, toreando a la antigua, agarrando los pitones del cuarto, doblándose con el toro. Un momento de verdad. Cuatro minutos de intensidad añeja. Cosechó merecidos aplausos de un público que le reconoce lo que vale. Lo vi a Enrique en Valencia, una tarde que tenía libre en su tierra, en los años de Los Rodríguez. Eso son más de veinte años.

Andrés Calamaro, ayer, en una barrera de Las Ventas
Andrés Calamaro, ayer, en una barrera de Las Ventas - Paloma Aguilar

Pero el pasmo, el susto, la torería heroica, los puso el francés Sebastián Castella «el gallo». A la primera de cambio el toro lo embistió con brutalidad, se lo llevó puesto, lo tuvo como a un muñeco y Castella quedó descompuesto en la arena durante segundos que se hicieron eternos. Ponce llevó al toro al caballo, mientras Castella se recuperaba. Milagrosamente, se llevó una herida en un talón, lo vendaron y volvió al toro para colocarlo, con estética, para el segundo puyazo. Y torear. Citando al toro desde lejos, pasándoselo por la espalda, toreando de rodillas, por lo bajo y en redondo. Fulminó al mejor toro de la tarde con una reverenda estocada que le valió la pañolada del respetable exigiendo ya no una oreja, sino dos. Una Puerta Grande al valor, a la torería. Protestada por el tendido crítico (el siete), pero bien ganada con la vida misma al límite... Para ir caminando (y por su propio pie) a la enfermería.

Un silencio emocionante

Lo de Enrique Ponce fue una lidia de doctor en tauromaquia, nos permitió asomarnos en el torero antiguo de Joselito y dejó muchos detalles de torería poncista. Lo de Castella fue torero y heroico, herido y toreando. Por dos momentos quedó la plaza muda, un silencio de 23.000 personas. Un silencio espeso, emocionante.

Nos sentamos en la barrera del tendido 2 con Félix Redondo (que inspiró al personaje Samuel Sardinas y algunos versos de la canción Rehenes), al lado de Manolo Molés, catedrático y divulgador de la tauromaquia .. Un gran señor a quien adeudo mucho de lo que vi en Las Ventas antes del beneficio de mi amistad con toreros y empresa.

La empresa nos convidó esta tarde con dos asientos de categoría. En la misma barrera que Alfredo Relaño (catedrático pero de cuestiones balompédicas) y Adolfo Suárez, hijo de Adolfo Suárez. Nos dura el susto... Y dura la gloria que se lleva en andas a Sebastián a recuperarse del porrazo. Vimos a la muerte pasearse insatisfecha por Madrid.