López Chaves, en un natural al toro de Cuadri
López Chaves, en un natural al toro de Cuadri - Paloma Aguilar
San Isidro

Toros de Guisando con divisa Cuadri en Las Ventas

Solo Domingo López Chaves logra lucirse, en una corrida demasiado parada

MadridActualizado:

Al respeto que merece la historia de la ganadería Cuadri se une ahora una razón sentimental: acaba de anunciar D. Fernando que deja la gestión de la ganadería en manos de la siguiente generación. Al margen del juicio que merezcan las reses de esta tarde, quiero expresar mi afecto a este ganadero honrado y persona íntegra. Acierta el Siete con una gran pancarta: «D. Fernando Cuadri: Gracias por todo». Desgraciadamente, estos toros dan muy pobre juego: salvo el quinto, al que Domingo López Chaves hace una faena de clásica madurez, los demás no ofrecen oportunidad alguna de lucimiento.

La terna de esta tarde me recuerda a tantas películas que veíamos de chicos, en una cine de sesión continua, los jueves por la tarde, en que no teníamos colegio. En «Tres lanceros bengalíes» y «Gunga Din», son soldados ingleses que luchan contra los hindúes ; en «Beau Geste», tres hermanos que se alistan en la Legión Extranjera; «Los tres mosqueteros», en realidad, son cuatro, porque D’Artagnan se les une, para luchar contra el malvado cardenal Richelieu… Los diestros que se enfrentan a los Cuadris, esta tarde, son tres valientes, una garantía de oficio y profesionalidad, pero ellos esperaban ir a una guerra con posibilidades de triunfo y no ha sido así.

El murciano Rafaelillo, chico sólo de estatura, sabe de sobra lo que es bregar con divisas duras. El primero, grande, bajo, badanudo, queda muy corto, vuelve rápido; por la izquierda, va un poco; por la derecha, no se deja dar ni uno: ¡un regalo! Además, se para muy pronto. Rafael lo lidia adecuadamente y mata a la segunda: no cabía mucho más. El cuarto se frena en el capote; en la muleta, pega algunos arreones descompuestos y también se para.

Vuelve a Las Ventas, después de cuatro años de ausencia, con veintiuno de alternativa, el salmantino López Chaves. El segundo sale rebrincado y fuerte, lo pican mal, se para pronto. Con mucho oficio, Domingo se dobla con él y le saca algunos muletazos de mérito, cruzándose al pitón contrario, con sobrio estilo castellano. Mata con decisión pero atravesado. Sentencia mi vecino: «Ha estado muy por encima del toro». El quinto toro sí se mueve y López Chaves lancea con vibración. Lo pican mal y corta, en banderillas (las dos cosas, igual que sus hermanos). Este toro sí que repite. López Chaves, muy firme, demuestra su madurez y preparación, arranca muletazos meritorios; al final, unos naturales clásicos levantan la única gran ovación de la tarde. Se resbala al matar y pierde el posible trofeo pero deja una impresión muy positiva.

También es veterano Octavio Chacón, aunque sólo haya despuntado, en España, la pasada temporada. Ahora mismo, se le reconoce como uno de los mejores lidiadores. Maneja el capote con eficaz suavidad pero al tercero le cuesta mucho ir al caballo; embiste con nobleza y sosería, no transmite nada. Los correctos muletazos no encuentran eco. Mete la mano hábilmente, con la espada. El último, muy grande, con 642 kilos, sale haciendo cosas feas, Octavio ha de tomar el olivo. En la muleta, el toro prueba, espera, tiene media arrancada. Chacón resuelve la papeleta pero mata mal.

A mi lado, una pareja de novios japoneses han pasado una tarde estupenda: han podido dedicarse tranquilamente a sus ternezas, mientras sus vecinos bostezaban. Uno ha intentado animarnos: «La política es todavía peor que esto». Nadie lo niega pero es flaco consuelo. En su elegía a Ignacio Sánchez Mejías, Federico García Lorca habla de los toros de Guisando: «Casi muerte y casi piedra, / mugieron como dos siglos, / hartos de pisar la tierra». Es una bella metáfora pero esos toros de Guisando no sirven para ser toreados, aunque lleven la muy respetable divisa de Cuadri.

Postdata. A muchos aficionados sorprendió desagradablemente que, en la Beneficencia, acompañara al Rey Felipe, en el Palco Real, el ministro Ábalos, que había dicho frases despectivas sobre la Fiesta. Él defiende que no las dijo. Limitándose a lo literal, tiene razón: lo único que hizo es poner en contacto, en una frase, sin necesidad alguna, la Fiesta y lo casposo. La mayoría de la gente se quedará con esta asociación implícita. ¿Qué diría Ábalos si escuchara que no debe identificarse al PSOE, en su conjunto, con la rendición al independentismo? En sentido estricto, la frase es indiscutible; lo que sugiere… Muchas veces, lo que se sugiere importa mucho más que lo que se dice. También se pueden interpretar las frases de Ábalos de una manera más sencilla, con el nombre de una marca fonográfica: «La Voz de su Amo». Dijo lo que le dijeron que debía decir. Y, luego, dijo que no lo había dicho. En los dos casos, dijo eso -y lo contrario- porque creyeron que les convenía.