José María Manzanares en el apunte de Humberto Parra
José María Manzanares en el apunte de Humberto Parra - ABC
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CONTRACRONICA

Actitudes, criterios y emociones

El público se entrega a Manzanares y corta dos orejas, las mismas que debió pasear Talavante por su gran faena

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Empezamos esta contracrónica con la reflexión que hicimos en esta misma tribuna sobre el festejo del Domingo de Resurrección. «De momento, se venden caras las orejas en Sevilla», valoramos al finalizar la corrida. «Un trofeo para Roca Rey tras un faenón en el que el toro tardó en doblar. Y vuelta al ruedo para Antonio Ferrera, tras media y descabello, en una faena que mereció, sin duda, mayor premio». Y también planteamos entonces cómo sería el criterio para conceder los trofeos el resto de la temporada y en la Feria de Abril cuando llegaran los días de farolillos.

Los días llegaron y con ellos «las emociones encendidas» con el indulto de El Juli de la tarde anterior. En esas salió al ruedo «Encendido», un excelente toro de Núñez del Cuvillo con el que Manzanares se reencontró con Sevilla. Toreó a placer la enclasada embestida que repetía una y otra vez a la muleta del alicantino que recuperó su confianza y su idilio maestrante con el toro que mejor le sirve a su toreo de perfección estética.

Su mejor versión afloró, como de costumbre, en la profundidad de los pases de pecho y en los cambios de mano. El estoconazo recibiendo hicieron el resto para que en los tendidos el público pidiera las dos orejas con mucha fuerza e insistencia a pesar de que el toro tardó en caer. No hay duda de que el torero es del gusto de la afición de Sevilla ya que con la misma situación –y el mismo presidente en el palco– a Roca Rey no se la concedieron.

Como ocurrió con la petición de los trofeos en el indulto de El Juli, nadie en la plaza insistió lo suficiente y agitó los pañuelos blancos para pedir la vuelta al ruedo del astado, que sin duda la merecía. Tampoco la presidencia que tuvo la potestad de sacar el pañuelo azul. Sin embargo sí que se tuvo claro otorgar una sola oreja a la gran faena de Alejandro Talavante. La petición fue mayoritaria desde el principio y la estrategia fue aguantar mucho tiempo antes de que asomara el pañuelo para no tener que sacar el segundo.

El propio torero no se lo creía. Terminaba la feria para el extremeño que en sus tres paseíllos ha cortado dos orejas -que tuvieron que ser por lo menos tres- si se llega a premiar como merecía lo que realizó con «Asturiano», un tercero que no fue fácil. Empezó con la muleta, rodilla en tierra. Estuvo profundo, entregado al natural, confiado y dando pases mirando al tendido. Sonó «Manolete» y con manoletinas terminó su faena. Se tiró a matar de verdad y se llevó un fuerte golpe en el pecho y un pitonazo en el costado. Su cambio de actitud con respecto a la tarde anterior fue sustancial aunque no tuviera la recompensa esperada ya que con el que cerró plaza no pudo brillar.

Tampoco brilló Sebastián Castella que, sin bien es cierto que tuvo el lote menos propicio, también lo es que tuvo la misma actitud de siempre. Su frialdad con el primero no llegó a calar en los tendidos y la emoción solo llegó en el inicio de faena del cuarto, con su clásico y habitual pase cambiado por la espalda desde el centro del ruedo.

Para terminar esta contrapodemos hablar del quinto toro con el que Manzanares, con media Puerta del Príncipe abierta, podría haber redondeado la tarde. Con una larga de rodillas en el tercio lo recibió de capote y se cambió el tercio sin picar. Luego solo hubo muletazos aislados pero demasiado poco para lograr la empresa. Todo fue una cuestión de actitud y de criterios. La emoción estaba dispuesta.