Alberto García Reyes durante el pregón en el teatro Lope de Vega - J.M. Serrano
Pregón Taurino Feria de Abril 2019

Alberto García Reyes emociona con un pregón sevillano lleno de verdad y esencia de Romero

El pregonero reflexiona sobre el miedo, las emociones y el sentimiento más profundo del toreo en una genial propuesta

Feria de Abril de Sevilla 2019: Todo lo que hay que saber

SevillaActualizado:

Había prometido un pregón taurino muy sevillano, en el que iba a hablar del «toreo según Sevilla» y Alberto García Reyes no defraudó. Más bien encantó y emocionó al público del Teatro Lope de Vega con una excelente y genial propuesta en la que declaró de forma antológica su admiración por Curro Romero.

El periodista y adjunto al director de ABC de Sevilla, con una mata de romero en la solapa de la chaqueta, agradeció «el regalo de estar en el día más puro de Sevilla que es el de la inauguración de la gloria» después de la presentación del rector de la Universidad de Sevilla, Miguel Ángel Castro, y la intervención del delegado de Fiestas Mayores del Ayuntamiento de Sevilla, Juan Carlos Cabrera.

Rompiendo la tendencia de los últimos años, planteó gran parte de su alocución en verso. Así fue el emocionante comienzo, hablando del miedo, ese sentimiento tan necesario y tan presente en el mundo del toro. «Tengo miedo/ mucho miedo/ miedo de no estar conmigo/ cuando cite a los espectros/ en los lances de recibo/y con el compás abierto/tras de la sombra que sigo/ se me evaporen los huesos/ en el sinvivir que vivo».

Y el miedo del propio pregonero que se metió en la piel los toreros en un exhaustivo repaso de la historia de la tauromaquia ya que citó con precisión, encadenando rimas, desde los más antiguos a los actuales. Desde Carancha y el Gordito, a Frascuelo, Lagartijo, Reverte, Curro Puya, Joselito y Belmonte, Pepe Luis, pasando por los Campuzano, Emilio Muñoz, Paquirri, El Cid o Espartaco hasta llegar a Escribano, Morante de la Puebla, los Jiménez, Aguado, Serna y Cadaval, por citar algunos nombres.

Continuó planteando más dudas sobre este miedo «hermoso, necesario, vital». «El miedo, que es de color negro (…) alcanza aquí su ataraxia en una calle que se llama Iris (…)  La ciudad intenta colorear esa negrura para resolver el primer gran interrogante de la tauromaquia: ¿Qué es el miedo exactamente? ¿La duda, la desconfianza o justo lo contrario: la certeza del peligro? Yo defiendo la primera versión (…) Porque sólo con la duda se avanza y el toreo es progreso». «El miedo es mucho más grande que el hombre. Y la valentía es exactamente saber pasarlo»

Alberto García Reyes fue describiendo las distintas partes de la liturgia separadas por toques de clarines que interpretó la Banda Municipal de Sevilla que le sirvieron para engarzar con maestría los temas que fue planteando. En el paseíllo hizo un magnífico retrato de todos los que forman parte y están presentes en una corrida de toros en la Real Maestranza. Para hablar del capote, se refirió a Rafael de Paula y a Curro Romero. «Yo creo que el capote de Dios está guardado en un arcón de Gambogaz donde dobla la leyenda una señora llamada Andrea López, y en otro de la calle Cantarería, donde una gitana con pololos plancha la Historia del Arte en un patio encajonado en un casco de bodega catedral».

Para hablar del tercio de varas recordó los nombres de los toros «una obra de arte de la naturaleza» indultados en Sevilla ya que «sin el hombre, el toro de lidia se habría extinguido de sed». Tres pares de banderillas le dedicó a Cagancho y a Chicuelo  para la conmemoración de la alternativa por «ser inacabable con apenas una chicuelina o inmenso con un capotillo como el de Cagancho».

Para el brindis  y el silencio García Reyes recordó a Sánchez Mejías, que también celebra sus cien años de alternativa en 2019. En concreto uno dedicado a su hija, que nunca lo vio vestido de luces: «Diez mil toros mataría/ para labrarte un camino/ de alegría. / Diez mil toros mataré/ para que tú nunca sepas/ lo que sé» que Alberto dedicó a sus hijos en un momento lleno de emoción.

El texto también estuvo plagado de momentos de chispa y de anécdotas llenas de humor que llevaron la risa a las butacas del teatro. Como la historia del empresario que quiso torear a una becerra y se quedó atrapado en un burladero tras salir corriendo. La de Pepe Moreno, un gitano de Triana que asegura que «cada vez que va a una corrida le gana dinero» o la de una figura del toreo que le pidió a su hijo «nada de roneo en el Ayuntamiento a su muerte» pero que cambió de opinión al saber lo que costaba el tanatorio.

Para pintar la faena de muleta el pregonero recurrió a Paco Ojeda, Emilio Muñoz o Pepe Luis Vargas, que cumplen 40 años de alternativa, «y han tenido tiempo ya de recordarse en ese laberinto. Porque eso es el toreo, un laberinto con una única salida: la libertad».

Y a Curro Romero, cómo no, estuvo dedicada la parte final pregón, amigo personal del pregonero e inspirador del contenido del texto: la Resurrección de Sevilla. «Voy a hablar de un elegido, de alguien que resucita la fiesta en nuestra memoria. ¿Quién es el omnisciente, el omnipotente? Uno que después de 60 años de alternativa y de 19 de retirada sigue siendo el que manda», subrayó García Reyes.

Recordó a grandes curristas, como Manuel Ramírez Fernández de Córdoba, a Fernando Carrasco «que siempre le contaba los 53 pasos y medio en el paseíllo» y «a quien le reventó el pecho hace ahora tres años justo delante de sus cinco puertas del Príncipe»; y a Rafael González Serna qué defendía que había visto torear a Curro en la corrida de Urquijo «por los ojos de su padre».

Los versos finales dedicados al Faraón de Camas fueron insuperables por eso merecen ser escuchados o leídos, de principio a fin, ya que formaron una faena excelsa.