Apoteosis de Pablo Aguado en Huelva
Apoteosis de Pablo Aguado en Huelva - Alberto Diaz

TorosApoteosis de Pablo Aguado en Huelva

El sevillano firma una faena antológica y sale a hombros en su debut en la Merced

Lorena Muñoz
HuelvaActualizado:

Era el día grande de Huelva. Como se preveía, los tendidos del coso de la Merced se llenaron para el cartel más esperado. Quienes fueron no se equivocaron. Pablo Aguado enloqueció al personal con veinte muletazos, un toreo de capote exquisito y un temple inigualable. Debutaba el sevillano en Las Colombinas, igual que los toros de Albarreal, que llevaron divisa negra por José Luis García Palacios. El mejor fue el tercero y se dejó el sexto, en manos de Aguado. Vayamos por partes.

Morante de la Puebla había aceptado el reto de abrir cartel a dos toreros jóvenes en su mejor momento y dio la cara con el capote con el toro que le dejó. El primero demostró da salida que no iba a servir. Y así se confirmó hasta que llegó a la muleta de Morante que, entre protestas por el toro, se fue a por la espada. El de La Puebla falló tres veces y fue silenciado. Tras la faena de Aguado, formó el taco con el capote en el cuarto, de rodillas a la verónica y a pies juntos con una media de temple y torería. A una mano llevó al de Albarreal al caballo a la espera del tercio final. Inició por alto y a pies juntos pero no encontró colaboración. Lo intentó el cigarrero que debió irse de la plaza contrariado al no tener suerte con su lote y cavilando por lo ocurrido.

David de Miranda toreaba en casa cortó una oreja y sintió el calor de sus paisanos.

Al segundo le dejó un templado recibo a la verónica hasta los medios. Desde allí galleó por chicuelinas para llevarlo al caballo donde el picador solo señaló el puyazo. La ovación del brindis sonó atronadora y De Miranda comenzó por estatuarios. En el primero casi se lo lleva por delante pero el diestro estuvo muy centrado y muy por encima de las condiciones del astado. Logró llevarlo en redondo a pesar de que el toro sabía dónde estaba el torero que también lo intentó al natural y abrochó su faena con una serie por manoletinas muy ajustadas. Se tiró con todo tras la espada y de inmediato asomaron los pañuelos. Cortó una oreja aunque también le pidieron la segunda.

El quinto fue devuelto a los corrales y provocó un parón en el tempo de la corrida que pasó un poco de factura. El sobrero de Torrealta salió al ruedo haciendo cosas raras, como de estar corraleado. Topó en los capotes en los primeros tercios, esperó en banderillas y cortó todo lo que pudo. Con estos mimbres tenía que hacer faena De Miranda. Sonó el fandango en el tendido aunque el astado no era para florituras, el torero se mantuvo firme y logró algunos muletazos a base de tragar que le echara la cara arriba para saludar la ovación con palmas por fiesta.

Pablo Aguado se presentaba en Huelva como matador y no pudo hacerlo mejor.

Al tercero le hizo una faena cumbre que estropeó con la espada. No nos equivocamos si decimos que le hubiera cortado el rabo. Lo cuajó con el capote porque si bueno fue el recibo a la verónica -dos de ellas de cartel- mejor fue el galleo por chicuelinas al paso para llevarlo al peto. Y aún quedaba más: un quite, de nuevo por Chicuelo, ajustado y con mucha cadencia, como se mueve el capote del sevillano. La faena de Aguado, que comenzó rodilla en tierra, fue la definición del temple y el ritmo, en el cuerpo de un torero en estado de gracia que puso los tendidos en pie y a los aficionados boca abajo. Los pases de pecho eran interminables. La muleta no podía ir más despacio. El eco de los oles llegaron hasta Sevilla desde donde se había desplazado mucho público. El fallo con los aceros no impidió que le pidieran dar la vuelta al ruedo.

Todo el mundo esperaba a que saliera el sexto con el que se lució con el capote en un variado recibo abrochado con una larga y con una larga cordobesa lo dejó en suerte para el caballo. Quedaba el quite a la verónica a pies juntos y ver qué ocurría en el tercio final. Tras una primera serie lo sacó a los medios donde logró llevar al astado con suavidad, a media altura como pedía, sin tirones y jugando las muñecas. Culminó al natural a pies juntos y citando de frente. Esta vez entró la espada. Dos orejas y la apoteosis de Pablo Aguado confirmada.