FOTOS: RAÚL DOBLADO
Reportaje

La casa de la Generación del 27

En diciembre se cumplen 90 años de la cita en el cortijo de Pino Montano que dio origen a este grupo literario del que fue mecenas Ignacio Sánchez Mejías

SevillaActualizado:

Han pasado noventa años pero el cortijo de Pino Montano casi no ha cambiado. En diciembre de 1927, coincidiendo con el tricentenario de la muerte de Luis de Góngora, la casa de Ignacio Sánchez Mejías (Sevilla, 1891- Madrid, 1934) acogió la reunión del mejor grupo de intelectuales de la Literatura española, conocido como Generación del 27. Ignacio, promotor y mecenas de esa primera aparición pública en el Ateneo de Sevilla del 16 al 18 de diciembre, fue el anfitrión de los poetas Federico García Lorca, Rafael Alberti, José Bergamín, Juan Chabás, Jorge Guillén, Dámaso Alonso y Gerardo Diego.

Este primer encuentro, en el que también participaron el propio Ignacio, Pepín Bello y Fernando Villalón, se convirtió en una auténtica fiesta en Pino Montano. No faltaron disfraces morunos, una visita nocturna al manicomio de Miraflores y el cante flamenco de Manuel Torre, al que Lorca dedicó una parte de su 'Poema del cante jondo'. A partir de entonces la finca del polifacético y brillante torero, se convirtió en el refugio de muchos de estos poetas que visitaron con frecuencia la casa sevillana de su amigo Ignacio. Aficionado al riesgo y a la aventura, Sánchez Mejías fue torero, escritor, jugador de polo, dramaturgo, agricultor, aviador, automovilista y presidente del Real Betis Balompié. Un personaje singular, que al igual que la Generación del 27 a la que perteneció, permaneció mucho tiempo olvidado.

En El Pino, como llama la familia al cortijo, vive en la actualidad su nieta María Dolores Sánchez Mejías -hija de José Ignacio y madre del torero Marcos Sánchez Mejías- que vive «con naturalidad» en un lugar con mucho peso en la historia. «Mi padre murió y de mi abuelo no se hablaba. Me da pena porque a él le hubiera hecho mucha ilusión vivir esta etapa en la que se está recuperando su figura, la parte de los Gallo siempre ha estado más presente», asegura. José e Ignacio Sánchez Mejías, sobrinos-nietos del famoso torero lo confirman. «En casa no se quería hablar de toros».

La abuela de María Dolores era María Dolores Gómez, hermana del gran Joselito El Gallo, que adquirió la finca siendo menor de edad y tuvo que ser su madre quien firmara la escritura. A su muerte, Ignacio le compró el cortijo a la familia. De su mano Pino Montano se hizo famoso en los años veinte por sus tertulias literarias, sus fiestas taurinas y sus veladas nocturnas. «Lo que sé de mi abuelo, los recuerdos bonitos y el cariño que le tengo es por mi abuela. Viví con ella desde los 4 años. Era muy buena persona e hizo buenas migas con mi madre», asegura María Dolores quien subraya el papel que tuvo en los encuentros con los poetas del 27. «Mi abuelo fue el mecenas de toda una generación de escritores, muchos vivían aquí y mi abuela incluso los cuidó cuando estaban enfermos. Me contaba muchas anécdotas. Era muy monárquica y católica y ellos les pintaban los radiadores con la bandera republicana. Otro día tras una fuerte discusión sobre la Iglesia, puso en la mesa para comer una casulla. Mi abuela tenía mucha alegría y sentido del humor a pesar de todo lo que había pasado».

Lorca, que inmortalizó al torero en su elegía «Llanto por la muerte de Sánchez Mejías», es el que menos tiempo estuvo en Pino Montano, según su nieta. «Los más amigos eran Pepín Bello y Rafael Alberti que volvió mucho tiempo después, en los 80, a presentar un libro en los jardines y recordaba perfectamente cómo era la casa». De hecho, todo se conserva igual que entonces. La alberca, el palomar, el rincón de los tres reyes – lugar de reunión de los poetas del 27 donde hoy se celebran bodas–, y las distintas estancias. Tras la muerte de Ignacio en 1934 y con la Guerra Civil, la familia se fue a vivir a Sevilla. El deterioro de la casa solo transformó el antiguo cuarto de juegos que ha servido para ampliar el actual salón familiar.

María Dolores afirma que su abuelo «fue un hombre que se adelantó a su tiempo que educó a sus hijos de forma especial, rodeados de cultura y fue un padre presente a pesar de todas las cosas que hacía». Cuando su hijo José Ignacio quiso ser torero le quitó la idea encerrándole un Miura. Pero llegó a ser torero, empresario y apoderado de muchos toreros, entre ellos Curro Romero, al que le organizó la encerrona con los seis toros de Urquijo en 1966, el día que nació el currismo. Aquella noche hubo fiesta flamenca en Pino Montano, un lugar que han visitado escritores, políticos, futbolistas y actores y que ha sido y es referente del mundo taurino ya que muchos banderilleros y toreros entrenaron en su plaza de toros durante años. «Mi padre, que también murió muy joven, era un hombre de muchas relaciones sociales, pero al lado de mi abuelo, cualquiera se queda pequeño», sentencia María Dolores Sánchez Mejías.