El Cid cuaja al natural a un Cuadri de vuelta
El Cid cuaja al natural a un Cuadri de vuelta - Alberto Diaz

El Cid cuaja al natural a un Cuadri de vuelta

El sevillano sale a hombros en su despedida de Huelva. Escribano y Serna, sin suerte

Lorena Muñoz
SevillaActualizado:

Las Colombinas de 2019 comenzaron con sus cinco minutos de retraso de rigor como marca el reloj del coso de la Merced. Puntual a la cita, eso sí, del primer día de agosto, la primera de la Feria de Huelva tenía muchos alicientes. Uno de ellos era el regreso del hierro onubense de Cuadri después de 16 años a, codo de la Merced en un año muy especial para su ganadero y con un cartel de sevillanos. Pero solo El Cid pudo triunfar con el mejor ejemplar del esperado encierro.

El Cid se despedía de Huelva, una plaza en la que debutó con esta misma ganadería en la temporada de 2003. Y lo hizo a hombros y a lo grande. Le cortó las dos orejas a un gran Cuadri de vuelta al ruedo al que cuajó al natural. A «Rebaja» lo recibió con templados delantales ganando terreno hacia los medios y remató con mucha torería. Galleó para llevarlo al caballo y lo dejó en suerte con una media abelmontada antes de que la cuadrilla se empleara en la lidia. El Cid toreó con profundidad y largura con la zurda en el centro del ruedo y al natural logró redondear varias series en distintos momentos de la faena gustándose en los cambios de mano, las trincherillas y los molinetes. Algunas voces en el tendido pidieron el indulto pero el de Salteras, con criterio, llevó al toro a los medios, donde una estocada fulminante culminó una magnífica actuación y despedida.

Saludó la ovación con el primero, aplaudido de salida, con el que estuvo dispuesto. Parecía que se iba a quedar parado tras los primeros tercios, donde destacó la cuadrilla y saludó Curro Robles, pero el caso es que El Cid supo meterlo en la muleta también con la zurda y hasta llegaron a asomar algunos pañuelos.

Volvía a Huelva Manuel Escribano para hacer su segundo paseíllo en esta feria ya que el primero fue hace 15 años sustituyendo a Dávila Miura. No defraudó el de Gerena en cuanto a su actitud pero no tuvo suerte con el lote. Brindó el segundo de la tarde a Espartaco que celebraba su 40 aniversario de alternativa y se lució con las banderillas donde se enfrentó de poder a poder en el tercer par al desistir de ponerlo al quiebro. El Cuadri, que se empleó en el caballo, tuvo una primera arrancada a la muleta con un punto de genio pero echó el freno en la segunda serie para mirar y medir al torero en cada muletazo. Lo intentó por ambos pitones, aguantando siempre el tirón, alargó la faena y tras tres golpes de verduguillo fue silenciado.

Lo intentó de nuevo en el quinto al que recibió con decisión a la verónica y al que volvió a banderillear a pesar de que no se lo puso fácil. Esta vez insistió con el tercer par al quiebro después de fallar ya que al toro le costó acudir al encuentro. Brindó al público el sevillano pero no tuvo colaboración del astado, que con un kilo por debajo de los 600, le costaba un mundo embestir al engaño. Insistió Escribano, que no quería irse de vacío, y esta vez saludó la ovación.

Para Rafael Serna era la presentación como matador en una plaza en la que ya había salido a hombros tres veces de novillero aunque no pudo revalidar sus éxitos.

Su primero salió muy parado del chiquero, sin atender a los capotes de los banderilleros, aunque Serna se estiró decidido en el saludo. Tras un puyazo algo protestado el sevillano se empleó en el tercio final, muy firme y bien colocado, a pesar de que el astado se revolvía y no lo dejaba prepararse para el siguiente. Muy centrado con la zurda alcanzó momentos templados y de mucho gusto mientras sonaba el pasodoble dedicado a su padre. Destacaron un par de series al natural, sobre todo los cuatro últimos, antes de ir a por la espada. Precisamente su mala colocación le privó del premio.

Le quedaba el sexto, un toro de 593 kilos, pegado al piso con el que Serna estuvo dispuesto desde el principio. Brindó al público, le puso la muleta por delante, insistió en los toques pero había que tragarle mucho y estar muy pendiente. Un esfuerzo sin recompensa pero con la satisfacción del deber cumplido a pesar de atascarse con los aceros. La tarde, ya noche, era para la triunfal despedida de El Cid.