González-Écija corta oreja en una novillada en la Maestranza de Sevilla de buen nivel

Destacaron Rafael Camino y Álvaro Alfonso, a los que el palco les negó el trofeo

SevillaActualizado:

Los novilleros de la tercera de promoción demostraron muy buen nivel con la de Juan Pedro aunque solo Gónzalez-Écija logró tocar pelo. Con dos largas cambiadas de rodillas recibió Rafael Camino al primero y también de hinojos comenzó una faena entregadísima. Hubo muletazos templados, buenos al natural y sufrió una voltereta de la que se libró de milagro. Cerró con manoletinas de rodillas y mirando al tendido. Un palco cicatero le negó la oreja y dio la vuelta.

Otra dio Álvaro Alfonso al que le pidieron el trofeo con fuerza tras poner en pie a la plaza a portagayola y con cinco faroles y largas de rodillas. El de Juan Pedro repitió en la muleta y el sevillano -vestido con un traje de Rafa Serna- toreó a placer por ambos pitones. La ejecución de la estocada fue muy buena pero cayó trasera, tardó en caer y necesitó del descabello.

Sí cortó el trofeo Jaime González-Écija que estuvo dispuesto y demostró muy buen concepto con el tercero al que sacó al tercio con doblones muy toreros. El de la escuela de Écija se llevó dos revolcones primero con el capote y después con la muleta en una faena de detalles, templada por momentos que rubricó con efectividad.

Álvaro Burdiel, de la escuela de Madrid, pasó apuros con el cuarto que lo cogió de forma fea en un desarme cuando intentaba recuperar la muleta, por fortuna, sin consecuencias. Se le vio dispuesto con un juanpedro que tuvo sus complicaciones. Acertó al tercer intentó y saludó la ovación.

El Niño de las Monjas contó con el apoyo de un grupo de fieles seguidoras llegadas de Valencia. Las monjas aplaudieron los quites con el capote a la espalda, las espaldinas y los pases a pies juntos. Estuvo muy valiente, demostró que quiere ser torero y tras una voltereta tremenda se puso de rodillas antes de rematar con manoletinas. La espada le privó del premio.

Brilló a gran altura Francisco Fernández, de la escuela de Algeciras, que toreó con temple y gusto al natural y con la diestra al que cerró plaza mientras sonaba Churumbelerías. Se recreó en los pases de pecho, citó siempre en el sitio y remató con una seria sin ayuda magnífica. Hubo petición de oreja pero pinchó a la primera y quedó en ovación.