Espartaco - ANTONIO PERIÁÑEZ
Entrevista

Juan Antonio Ruiz «Espartaco»: «Si fui algo en el toreo fue gracias a las figuras, que me hicieron mejor»

El torero sevillano repasa su trayectoria al cumplir 40 años de alternativa. Fue en Huelva, el 1 de agosto de 1979, con Manuel Benítez «El Cordobés» y Manolo Cortés

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Su nombre está escrito con mayúsculas en la historia de la tauromaquia. Juan Antonio Ruiz Espartaco (Sevilla, 1962) es un maestro respetado dentro y fuera de los ruedos donde lideró el escalafón durante casi una década. Figura indiscutible y nexo entre distintas generaciones, hoy celebra el 40 aniversario de su alternativa en la feria de las Colombinas de Huelva.

El tango dice que 20 años no son nada, ¿y el doble?

Son muchos (risas). Lo bonito es poder contar tantos años y celebrarlo.

Y en plenitud, tomó muy joven la alternativa.

Con 16 años. Me considero una persona que todavía puedo hacer muchas cosas y de vez en cuando, en el campo, lo que más me gusta, que es torear.

¿Qué recuerda de aquel día?

Era un sueño tomar la alternativa con esa expectación, con la reaparición de Manuel Benítez «El Cordobés» y mi gran amigo y maestro Manolo Cortés. Y en Huelva por lo que significaba. Mi padre la tomó allí y después, mi hermano. Ha sido una plaza con la que me he identificado. Por Espartinas pasaban los toreros para las Colombinas y yo los veía en la puerta de la casa de mi abuela.

Llegó como figura de los novilleros.

Sin caballos hay más oportunidades de las que teníamos nosotros gracias a las escuelas taurinas que hacen una labor importantísima. Pero hay un paso a torear con caballos tremendo. Hay novilleros con cualidades que se estrellan porque no están preparados para novilladas tan fuertes. En mi época se nos cuidaba más porque había más toros.

¿Por la política o el animalismo?

Cada vez cuesta más meter al público en la plaza y los costes son muy altos. Hay que organizar más novilladas porque el futuro de la Fiesta está ahí. Y ese escalón es muy difícil de pasar. Nos podemos quedar sin toreros: los novilleros no son capaces de llegar y los toreros que están se quedan más tiempo.

Espartaco tuvo a su padre.

Fue clave y fundamental no solo por lo que me pudo ayudar y aportar, que fue mucho, sino porque fui capaz de soportarlo. Siendo un crío asumí mucha responsabilidad. Acepté la crítica y las exigencias de mi padre.

Seis Puertas del Príncipe, la primera en 1982 y casi lo deja, ¿por qué?

Porque esta es una profesión muy difícil en la que te llega el triunfo muy joven. No es fácil estar a la altura de grandes figuras del toreo. Me tocó navegar en ese espacio y, cuando estaba a punto de dejarlo, me llegó el triunfo, justo cuando estaba capacitado para aceptarlo. A partir de ahí fue todo distinto.

El toro «Facultades» de Manolo González en 1985, una faena histórica.

No ha sido mi mejor faena en Sevilla, pero sí la más importante por las circunstancias y la proyección. Hay días que los toreros no podemos dejar escapar. Fue una tarde triunfal para mi amigo Emilio Muñoz y para Tomás Campuzano. Tuve la suerte de que me embistiera un toro, que fuera televisado y abrir la Puerta del Príncipe. A los 15 días vino Madrid. Ya todo iba embalado y yo con la moral por las nubes.

Y siete años liderando el escalafón, ¿cómo se asume ese cambio?

Es una cosa deseada pero a veces estás deseando soltar ese eslabón. La responsabilidad en ese momento no es fácil porque no disfrutas de nada. Todos soñamos con liderar las ferias pero tener que triunfar con esa presión no es sencillo. Siempre estás en competencia contigo mismo. Cuando pasa el tiempo te alegras. Ojalá todo el mundo pueda llegar y vivirlo.

Si hay esa presión, ¿por qué ahora las figuras torean tanto tiempo?

El que llega a ser figura del toreo es porque tiene una capacidad fuera de lo normal. Aquí nadie te regala nada. La gente va a los carteles de figuras. Y cuando salen novedades, las figuras son tremendas compitiendo.

Le tocó torear en dos épocas y con figuras que hoy siguen toreando.

He tenido la suerte de torear con grandiosas figuras. Paco Camino, El Viti, Paquirri, Manzanares, Julio Robles, El Capea, Dámaso, Emilio Muñoz, Paco Ojeda, Ortega Cano, Roberto Domínguez… Si yo fui algo en el toreo fue gracias a ellos, que me hicieron mejor de lo que era. Y con Curro Romero, que cuando toreaba, el cielo de Sevilla tenía un color especial. Me dieron la posibilidad de entrar en competencia el tiempo que estuve y aguanté con Ponce o El Juli.

Solo una lesión de rodilla le retiró.

Me retiró cuatro años y me hizo mucho daño, no podía ni torear de salón. Reaparecí al mes y tenía que haber estado seis o siete sin torear. Tuve cinco operaciones. Entonces le di más importancia a lo que había hecho. Por eso hablo con respeto de mis compañeros, he sido muy feliz en mi profesión, sin rencor.

¿Se identifica con Enrique Ponce?

Ha hecho bien en aguantar cinco meses. Irá bien, tiene una afición admirable.

Ha sido un año muy duro, Román, Escribano, Rafaelillo… ¿se olvidan los toreros de las cornadas?

Las cornadas duelen, procuramos olvidarlas pero te las ves todos los días y más cuando te vistes de torero. A los toreros cada vez les doy más mérito porque no lo puedo hacer o quizá porque he pasado tanto miedo, veo la capacidad que tienen con esos cornalones. Nos estamos acostumbrando y se nos olvida el mérito que tiene.

¿Qué le parece el bombo?

Es un revulsivo para crear expectación y todo lo que sea darle vueltas a la Fiesta es positivo. Luego, cada torero tiene su personalidad para aceptarlo o no. Parece que no ha venido mal. Lo que cuenta es que estamos viviendo grandes ferias en Madrid, Sevilla, Valencia. Hay quien dice que el animalismo, la falta de interés del público… la baza es que el toreo es algo único y especial. Tiene ciclos pero como hay verdad es difícil que nadie la pueda parar.

¿Buen torero y buen ganadero?

Hablo por mí porque me pongo y sufro en torero y un toro importante para un ganadero le puede hacer pasar un mal rato al torero. Veo difícil que triunfe como ganadero aunque es mi vida.

¿Se ha planteado ser apoderado?

Me lo han planteado figuras. El apoderado es clave, no solo por defender al torero en los despachos sino que tiene que ser un gran amigo. No sé si estaría capacitado para soportar ciertas conversaciones y negociaciones.

Usted tuvo grandes apoderados.

Rafael Moreno, que es mi amigo, fue clave pero todos han sido extraordinarios. Los Lozano, los Chopera, José Luis Marca, el maestro Manolo González. Solo tengo agradecimiento para ellos y para mi cuadrilla. Mis equipos siempre fueron los mejores.

Rafael Moreno, periodista, sería hoy de los jefes de prensa. ¿Qué opina?

Ahora cuesta trabajo ponerse en contacto con algunos toreros (risas). Creo que el torero tiene que ser alguien cercano, de la gente. La vida cambia y evoluciona, como los medios, pero si le damos la espalda a la gente tarde o temprano nos la darán a nosotros.

A Espartaco le servían todos los toros. Algunos aficionados querían más.

Uno tiene que ser consecuente con lo que es. Me hubiera gustado torear mejor y admiro a quienes lo hacen, pero creo que marqué un momento en el que se empezó a torear a un mayor número de toros. Te tienes que olvidar de lo que te gusta o lo que le gusta al público y adaptarte a lo que te pide el toro. Fue muy difícil, querían verme bien todas las tardes. Me hubiese gustado decir lo de «a contraestilo», pero no podía. No recuerdo que me hayan pegado una bronca, siempre lo intenté, pero eso supone que no salgan las cosas tan bonitas ni con tanto arte. En mi última fase me empezaron a contar el temple y lo bien que toreaba.

Por ahí van los tiros ahora.

Los toreros no pueden traicionar su personalidad ni lo que sienten. A mucha gente le parecerá bien y a otros no tanto. Tus defectos pueden ser tus virtudes y esto es fundamental para conectar con el público.

Este año se habla de dos toreros y dos estilos: Pablo Aguado y Roca Rey.

Son distintos, pero cuando le tienen que pegar veinte pases a un toro perfecto los dos son capaces. El toreo es eso, emoción. Roca Rey tiene tirón para la gente y una capacidad increíble. Pablo tiene que tener suerte para lograr continuidad y me alegro muchísimo por él. Por fortuna hay más toreros.

Nunca le dio la cara a ninguna ganadería. ¿Cómo fue con Miura?

Fue la corrida más importante de mi vida, no triunfal, pero fue un reto. La gente se olvidó de que eran seis toros de Miura y en Sevilla. Luego vinieron más en Nimes, en Linares…

¿Por qué las figuras no las torean?

Las ganaderías tienen más corridas que antes así que los toreros piden las que mejor conocen. Y no olvidemos que un toro de cualquier ganadería puede salir complicado, difícil y te puede dar miedo. Todo eso que se critica no lo puedo criticar ahora que estoy fuera.

Dice Curro Romero que se teme más a los empresarios que al toro.

No miedo, pero sí que todo ha cambiado muchísimo. Hay que estar en grandes casas para estar en las ferias.

¿Los triunfos valen más o menos?

Hoy tienen que ser más continuos. Antes tenía más repercusión, un torero con dos orejas en Sevilla o en Madrid tenía para tirar dos años. Ahora hay que volver a empezar cada temporada.

¿Sabe cuántos toros indultó?

No lo sé, muchos aunque en mi época había menos. En mi vuelta indulté en México uno de Teófilo Gómez que fue de los más bonitos de mi carrera. Soy partidario de los indultos, al contrario de los puristas, y que el ganadero haga lo que quiera con el toro.

Dice que sigue toreando, ¿un torero no se retira nunca?

Sin duda. No me iba a cortar la coleta pero lo de Sevilla me empujó. Le pregunté a mi hijo si iba a tomar la alternativa... torea en el campo aunque nunca he entrenado con él, mi padre sí.