José Garrido en el apunte de Humberto Parra
José Garrido en el apunte de Humberto Parra - ABC
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CONTRACRONICA

Miércoles de Feria y resacón en Sevilla

La actitud de José Garrido arranca una oreja y rescata un festejo de trámite y a la deriva tras dos tardes de triunfo

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Me acordé toda la tarde del genial artículo que Antonio Burgos publicó el martes en este ABC. Uno de los muchos recuadros que el maestro tiene para enmarcar. En «¿Tú quieres ir a los toros?» narraba una de esas tardes de feria en las que los abonados maestrantes estaban tan a gusto en las casetas que ofrecían sus entradas para que las ocuparan los «abonados suplentes».

«¿Quién torea?» era la respuesta que había que conocer para saber si aceptar el regalo del «objetor de Manzanares» -que en este caso no estaba anunciado en el cartel- y valorar cómo de atractivo era del ofrecimiento . El del miércoles de farolillos -Juan Bautista, López Simón y José Garrido con los toros de El Pilar- era, sin duda, una de las ternas menos rematadas del ciclo abrileño. Un cartel de trámite para un miércoles de farolillos que se convirtió en un resacón en Sevilla.

Como aquel «Resacón en Las Vegas» de las famosas películas de Hollywood que ha dado ya tres partes, el resacón sevillano vino a ser la cuarta entrega, como los cuatro silencios sepulcrales con los que el público valoró las actuaciones de Juan Bautista y López Simón. Ambos coincidieron con ternos azabache. El francés vistió el que le confeccionó el modisto Christian Lacroix para su encerrona en Nimes en junio de 2017, en color grana Lanzada. El madrileño vistió uno nazareno del Valle.

Ambos combinaron en negro azabache y como un luto premonitorio de una tarde que se hizo interminable. Veníamos de dos festejos triunfales así que el resacón en Sevilla fue más duro si cabe. Tras el indulto de Garcigrande para «Orgullito» de «El Juli» se pensaba en una resaca con Núñez del Cuvillo. Pero allí estuvieron Manzanares y «Encendido» además de la izquierda de diamante de Alejandro Talavante.

Para el miércoles de farillos abría plaza Juan Bautista, que llevaba siete años sin torear en Sevilla. En el programa de mano se destacaba que el francés llegaba avalado por las puertas grandes en Nimes, Alicante o Logroño. Venía de triunfar en Arles pero lo cierto y verdad es que su regreso al coso del Baratillo fue bastante discreto.

No le fue mucho mejor a un López Simón desdibujado y muy lejos del toreo que realizó en este mismo albero en los años en los que las figuras faltaron de la cartelería. Su lote de la corrida de El Pilar, que por cierto tuvo una presentación muy desigual e impropia de una plaza de primera categoría, fue para mucho más de lo que hizo.

Quién salvó la tarde de la deriva fue José Garrido y su actitud. Su capote a la verónica y por chicuelinas sacaron del letargo a los tendidos La colocación de la espada privó de mayores premios a sus faenas. En el tercero se conformó con la vuelta al ruedo ya que la presidenta, echando mano del Reglamento, no concedió la oreja que se pidió con más voces que pañuelos blancos. Se la pudo haber dado pero accedió en el sexto cuando quizá el recuento era menor y peor el sitio del estoque.

El miércoles de farolillos quien acertó fue el que ofreció su entrada y se quedó en la caseta. Este jueves si anda por el Real y alguien le hace la pregunta «¿Tú quieres ir a los toros?», dígale que sí. Torean la de Jandilla, Antonio Ferrera, El Juli y Roca Rey. Y además, sepa usted que está colgado el cartel de «no hay billetes».