Aquilino Girón en la puerta de chiqueros donde recibió al cuarto de Soto de la Fuente
Aquilino Girón en la puerta de chiqueros donde recibió al cuarto de Soto de la Fuente - JUAN FLORES
Novilladas Maestranza

Noche de silencios y avisos en la Maestranza

Aquilino Girón, Parrita y Pablo Paéz se van de vacío en el gris regreso de Soto de la Fuente

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Con el sonido de los cohetes de las hermandades de vuelta del Rocio comenzó la cuarta novillada de abono. La fiesta de las carretas nada tuvo que ver con una noche de silencios y avisos. Poco ayudó el encierro de Soto de la Fuente, manso y descastado, con hechuras de toros, y con pocas opciones para los jóvenes novilleros.

Aquilino Girón, único del cartel que ya había actuado en la Maestranza, recibió con una larga de rodillas al primero que salió de chiqueros con las fuerzas justas y del caballo perdiendo las manos. Así llegó al tercio final sin que Aquilino, que brindó al público y citó de largo para iniciar, pudiera bajar la mano. El novillo no tenía fuerzas ni mala condición así que el trasteo fue largo y sin eco.

Su fue a portagayola en el cuarto, aguantó la parada pero perdió el capote desluciendo la suerte. Brindó a «Ecijano II», banderillero en su cuadrilla y apoderado, antes de ponerse de rodillas. No hubo lucimiento y hasta se llevó una voltereta sin consecuencias antes de ser silenciado.

Cristóbal Ramos «Parrita» volvía tras quedar inédito por un percance en el ciclo de promoción así que brindó el segundo a Octavio Mulet que fue un manso de libro. «Gitanito» salió suelto de los capotes y derribó al caballo y al picador que guardaban la puerta. La lidia se complicó en banderillas y a Pedro José Mariscal lo empotró contra el burladero a punto de una tragedia. También le dio una voltereta fea a Parrita cuando entraba a matar tras intentar lo imposible con la muleta. No se lo puso fácil ni para descabellar y escuchó dos avisos entre palmas y pitos, como los que escuchó en el arrastre el novillo.

Tras la batalla, quiso intentarlo con el quinto, que brindó al público, pero no le permitió ligar los muletazos. Hubo algunos templados y de buena factura pero sin llegar a tomar cuerpo porque no siguió por el izquierdo que era el pitón más claro. Tardó en doblar tras la estocada y de nuevo llegó el aviso y el silencio.

Pablo Páez, formado en la escuela de Sevilla y segundo en las de promoción de 2018, también se fue de vacío. Se lució y templó a la verónica con el tercero, que salió con muchas manos y apretó a Manuel Izquierdo hasta el burladero. Hizo lo mismo en banderillas pero el novillero confió en poder hacer faena así que lo brindó. Llegó a sonar la música tras acoplarse en algunos muletazos, con la diestra y al natural, pero falló con la espada y acabó silenciado.

Cuando salió el sexto, la noche deambulaba entre el aburrimiento y el viento que empezó a refrescar y despoblar los tendidos. Páez no pasó de voluntarioso aunque tuvo la virtud de abreviar al ver que no iba a lograr nada. Fue un debut deslucido muy distinto al que habría soñado.