Roca Rey en la corrida de toros fiestas Colombinas de Huelva
Roca Rey en la corrida de toros fiestas Colombinas de Huelva - ALBERTO DIAZ
LAS COLOMBINAS

Perera indulta y conquista Huelva con Roca Rey

El extremeño cuajó una actuación completa desde el principio

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La terna sabía lo que era triunfar en Las Colombinas y el público respondió. El coso de la Merced registró la mejor entrada de la feria a la espera de los rejones que cierran este domingo. Miguel Ángel Perera, triunfador de la pasada edición, volvió a conquistar Huelva y a indultar un toro 18 años después del último al que se le perdonó la vida en este coso: «Culito», de José Luis Pereda el Día de Andalucía de 2000 por Finito de Córdoba. Roca Rey se unió al triunfo tras cuajar una seria actuación, un año más, en la feria colombina.

Perera indultó a «Sereno», jabonero, herrado con el número 9 y 522 kilos, un extraordinario Torrealta al que toreó a placer. El extremeño cuajó una actuación completa desde el principio. Templó a la verónica y le dejó un extraordinario quite por tafalleras. La cuadrilla brilló a gran altura en banderillas, igual que el matador que ligó una decena de muletazos de rodillas que remató con dos de pecho de bandera. Y de bandera fue «Sereno» que embistió con calidad, clase, largura y humillación. Perera toreó a placer y tras una serie sin la ayuda enroscándoselo al cuerpo se empezó a pedir el indulto. Una serie por bernadinas rematadas con los de pecho terminó de desatar el clamor en la plaza. El pañuelo naranja asomó en el palco y se insistió para pedir el rabo para el torero.

Le quedaba el quinto, al que saludó a lo Ordoñez, a la verónica rodilla en tierra y le recetó un quite por saltilleras. Su cuadrilla volvió a destacar y el diestro a brindar al tendido donde sonó un fandango. Comenzó a pies juntos y por alto por donde el toro fue mejor ya que someterlo por bajo era protestar y quererse ir. Saludó la ovación.

Roca Rey no quiso perderse la conquista de Huelva. El peruano salió espoleado en el tercero al que hizo un buen quite por chicuelinas y tafalleras. Brindó a David de Miranda, que salió al ruedo a recoger la montera. Por estatuarios, el pase cambiado y espaldinas sin rectificar ni un milímetro la posición fue el inicio. Lo sacó a los medios y allí templó y pulseó la embestida algo áspera y sin entregarse del torrealta en una labor de mucho mérito que no se entendió del todo en el tendido. Una serie de ayudados y circulares de increíble quietud en los terrenos del toro pusieron fin a la faena que no refrendó con los aceros.

Como no quería pasar en blanco este compromiso, se empleó en el sexto que deribó al picador y puso en peligro a los mozos de cuadra. En el tercio final lo hizo todo, sobando la embestida y metiéndose en los pitones, de nuevo con espaldinas y llevando cosido al toro a la muleta, con temple y largura en los pases de pecho, al natural y en los cambios de mano. Las ajustadísimas manoletinas finales mirando al tendido y la estocada arriba de efecto fulminante fueron el broche y le pusieron en la mano las dos orejas y la salida a hombros por la Puerta Grande.

El Juli, que siempre puntúa en esta plaza, no obtuvo trofeos. Sorteó un precioso astado melocotón con el que se lució a la verónica y en las medias de remate ganando siempre terreno además de en un personal quite por chicuelinas de manos bajas. La ovación del brindis resonó hasta el monte Conquero. Era el prólogo de una labor que comenzó templando en redondo y que tuvo los mejores momentos con la diestra ya que con la zurda bajó el tono. El público se metió en la faena y llegó a pedir la oreja a pesar de no acertar con la espada. Bastante menos historia tuvo el cuarto con el que el madrileño lo intentó sin obtener rédito ya que el toro estuvo muy parado. Lo mejor fue la estocada y la cariñosa ovación que recogió al final pero tuvo que irse a pie.