Alberto García Reyes, en el Teatro Lope de Vega
Alberto García Reyes, en el Teatro Lope de Vega - J. M. Serrano

Pregón taurino a cargo de Alberto García ReyesUn pregón «antológico» que marca «un antes y un después»

«Es un pregón que quedará para la historia como su otro pregón, probablemente uno de los mejores que se han escuchado en el Lope de Vega»

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Al terminar el pregón, los comentarios sobre el alto nivel de Alberto García Reyes eran unánimes. Para el alcalde de Sevilla, Juan Espadas, «es un pregón que quedará para la historia como su otro pregón, probablemente uno de los mejores que se han escuchado en el Lope de Vega. Un pregón antológico que habrá gustado a los amantes de los toros y a los de Sevilla. Alberto tiene un don, ha sido capaz de repasar la sociología de una tarde en la Maestranza. Tiene una pluma única además de ese humor que conecta con la gente. Los mejores momentos han sido los de Curro y Rafael de Paula.

Coincidió con el teniente de hermano mayor de la Real Maestranza, Santiago de León y Domecq. «Tuve clara la elección de Alberto hace casi un año cuando llegué al igual que al rector, mi gran amigo. Ha dado el pregón que esperábamos y me ha encantado. Ha sido una exaltación y lo que es de verdad un pregón en esta tierra. Todos los que le han precedido han sido grandísimos pregoneros, cada uno en su estilo pero Alberto es un especialista y lo que necesita este Domingo de Resurrección», subrayó.

Para el presidente de Caja Rural del Sur, José Luis García Palacios, «me siento un privilegiado por haber disfrutado una obra de una persona que ha glosado en poco más de una hora una inmensidad de lo que significa la tauromaquia a nivel espiritual, artístico, emocional y humano, en torno al toro y con el eje central de Sevilla».

El parlamentario y aficionado, Antonio Ramírez de Arellano destacó que «hemos tenido pregones de calidad literaria por personas muy significadas del mundo del la cultura. Hoy Alberto ha pronunciado un pregón que hacía falta, en un sevillanísimo estilo. Ese estilo que dice que las cosas de Sevilla no solo se ven sino se sienten, como ha dicho».

El crítico taurino, Álvaro Rodríguez del Moral, fue tajante. «Alberto ha acabado con el cuadro. Un retablo taurino de la ciudad y de sus toreros que ha terminado con esa apoteosis currista. Ha marcado un antes y un después en la historia de este acto».