Ceremonia de alternativa con Curro Romero y Manili
Ceremonia de alternativa con Curro Romero y Manili - ABC
La fiesta nacional

Un día soñado en Sevilla

Pepe Luis Vargas recuerda el día de su alternativa en la Maestranza de la que se cumplen 40 años

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El 15 de abril de 1979 fue Domingo de Resurrección. El inicio de la temporada taurina en Sevilla. 12 corridas de toros, una del arte del rejoneo y una novillada con picadores. Así era la Feria de Abril de hace cuarenta años que comenzaba con la ilusión de un joven de Écija que tomaba la alternativa en su tierra. El padrino, Curro Romero; el testigo, Manuel Ruiz «Manili».

Han pasado cuatro décadas y Pepe Luis Vargas (Écija, 1959) lo recuerda con cariño. «Para mí era una ilusión tremenda cuando el maestro Curro daba todas las alternativas. Era un día soñado y fue muy bonito y emocionante». Era el doctorado de un novillero con mucho ambiente. «Venía de tres temporadas en figura de la novillería. Quedé primero del escalafón en el 77 y el 78. En mi última novillada en septiembre en la Maestranza corté dos orejas a un novillo».

Era la época en la que el escalafón de novilleros servía para aprender la profesión. «Eran otros tiempos porque había muchos festejos y te pagaban todos los gastos. Cuando toreé en Madrid llevaba 150 novilladas. En el 79, toreé dos domingos seguidos, la última el Domingo de Ramos. Al siguiente, la alternativa». Un escenario muy diferente al actual. «Llegué cuajado, ahora los chavales van con apenas nada».

Pepe Luis lo tuvo claro desde pequeño. «Vivía al lado de la plaza de toros de Écija y desde que tenía 5 años, me sentaba a ver a los toreros entrenar. Manuel Palmeño me preguntó un día que por qué no jugaba como los demás niños y le dije que quería ser figura del toreo», recuerda. A los 7 se puso por primera vez y a los 9 se tiró de espontáneo en la parte seria del Bombero Torero. «Mi padre no quería, pero como veía que me escapaba para ir al campo, a los 13 años me dio permiso y me vine a Sevilla».

Y sigue. «Empecé en becerradas con 14 años. Si triunfabas en un pueblo te contrataban en los de alrededor. Sumé más de cien festejos. Eso también se ha perdido. El comienzo fue triunfal y con picadores pisé todas las ferias. La baraja de novilleros era importante: Emilio Muñoz, Espartaco, Paco Ojeda, Tomás Campuzano, Armillita, Morenito de Maracay…».

Bebió de las mejores fuentes. «Entonces había escuelas naturales. En Tablada, en la barriada del Carmen, se juntaban matadores y banderilleros antiguos que te contaban cómo toreaba Pepe Luis o Manolo González. Aprendí de Manolo Cortés, Rafael Torres y Pepín Martín Vázquez, mi verdadero maestro». En Sevilla, donde tomó la alternativa, Pepe Luis Vargas se hizo torero.

«Estoy orgulloso de estos 40 años como torero»

Pepe Luis Vargas, al que le gusta la poesía y escribir, asegura sin dudarlo que «volvería a ser torero». Ha sumado 604 corridas de toros entre España, Francia y México. Después de la alternativa no fue igual de fácil que de novillero. «Ese día no salieron las cosas y no tuve suerte. Hubo un pequeño parón ese año. Luego llegó mi enfrentamiento y el de mi apoderado con Canorea…».

Pepe Luis es sincero. «Cometí dos errores en mi carrera. Enfrentarme con las empresas y no saber esperar, por las ganas de torear y la juventud. A mí me gustaba torear bien y fui tirando para delante con corridas a contraestilo. A pesar de todo, estoy muy orgulloso de estos 40 años como torero porque en la plaza lo he dado todo. He tenido muchos triunfos y muchas cornadas».

Una de ellas, la de «Fantasmón», de Joaquín Barral, el 23 de abril de 1983 en Sevilla le truncó su carrera. Es cuando dijo su famosa frase «Tanto luchar, pa’ ná». «Un toro me quitó de en medio y no pude ser figura del toreo pero puedo decir que he disfrutado». Fueron 15 años en activo para abrir una nueva etapa que lo llena de ilusión. «Empecé a entrenar a niños, primero en la Escuela Taurina de Écija y ahora en la de Sevilla. Yo me veo reflejado en esos chavales. En estos 40 años de profesión también me he visto triunfando con ellos y ahí me he realizado y me he sentido torero».

También se estrenó hace tres años como apoderado del torero Juan Ortega. «Poder ayudarlo en todo, levantarse y prepararse y ver como ahora va a torear en San Isidro como una de las novedades del escalafón para mí es muy bonito. Si triunfa, ahí va parte de Pepe Luis Vargas».

«Para mí son tres etapas distintas pero muy bonitas en estos 40 años en los que le sigo dando las gracias a Dios por haberme permitido ser torero y poder transmitirle mi enseñanza a los niños y ahora a una joven promesa. Me siento orgulloso y feliz que es lo más importante en la vida. Y además puedo decir que mantengo las ilusiones intactas para seguir adelante. Lo he vivido todo, solo me falta el cortijo, aunque no lo necesito».