Mañana de toros

OLIVENZA Actualizado:

Las corridas de toros parecen ir unidas forzosamente a las tardes. «Tarde de toros» se llama la excelente película en la que admiramos faenas de Domingo Ortega, Antonio Bienvenida y Enrique Vera. Son frecuentes las matinales de rejones. Sólo en Olivenza podemos ver corridas de toros, a pie, mañana y tarde.

Por la mañana, muchos artistas se niegan a cantar: a esa hora, no tienen la voz entonada. ¿Sucede lo mismo con los toreros? No. El que sabe torear, torea a cualquier hora: también, a las doce del mediodía, Ponce muestra su magisterio; Ferrera, su espectacularidad; Cayetano, cierto empaque.

El primer zalduendo es muy poca cosa. Saluda en banderillas Alejandro Escobar. Ponce dibuja pinceladas de buen gusto y maestría, casi sin toro. El cuarto es mansote, berreón, huido, corto, flojo, sin fijeza: ¡una prenda! Pero Ponce conoce la receta adecuada: lo fija, le consiente, le saca todo, con facilidad y sabiduría; le enseña a embestir, desmaya los derechazos: una oreja.

Cuatro orejas para Ferrera

Ferrera muestra su voluntad y dinamismo en el segundo, que se deja. Luce en banderillas y recortes. Entre muchos muletazos, logra uno estético, diciéndole al toro: «Mira cómo es». La estocada rinconera, de efectos fulminantes, pone en sus manos dos benévolas orejas.

Entusiasma a los paisanos en el quinto, muy manejable: banderillea con quiebros espectaculares. Cuando se raja, le saca muletazos en tablas: entusiasmo de la solanera y otras dos orejas.

No está afortunado Cayetano en el tercero, que le puntea la muleta, entre dudas y poco mando. Hace el esfuerzo en el sexto, el mejor. Saluda Carretero. Cayetano consigue algunos muletazos estéticos: una oreja. Sigue mandando poco: no remonta el vuelo.

Para don Jorge Guillén, las doce simbolizan la plenitud: «Dije: todo ya pleno. / Las doce en el reloj». La plenitud taurina de Enrique Ponce, esta mañana.