LA TRAGEDIA SOBREVOLÓ LA MISERICORDIA

«Marqués» traía dibujada la muerte en sus pitones

ÁNGEL GONZÁLEZ ABAD
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ZARAGOZA

Del campo gaditano a Zaragoza, de los pastos de Alcalá de los Gazules a la Misericordia. Mil kilómetros con la muerte dibujada en los pitones. «Marqués», un toro cárdeno, de apenas quinientos kilos, con la divisa paja y celeste de la ganadería de Ana Romero, saltó a la arena en cuarto lugar. La suerte quiso que fuera a parar a manos de un torero de Cádiz.

El experimentado Juan José Padilla cogió los palos para cuajar un tercio de banderillas que no levantó especial entusiasmo entre los espectadores. Pero a la salida del tercer par, un traspiés le hizo caer al suelo. «Marqués» se va a por él y al arrollarlo le lanza un pitonazo, apenas perceptible, al cuello. Cuando el torero se levanta y se echa las manos a la cara ya teñida de sangre, un escalofrío recorrió los tendidos. «¡No veo!», aseguran que masculló al ser trasladado a la enfermería.

Desde ahí, las primeras noticias eran estremecedoras. Lamentablemente se fueron confirmando cuando el doctor Carlos Val Carreres —uno de los cirujanos taurinos con mayor experiencia del panorama nacional— aseguró que la herida era «escandalosa», y explicó que el pitón entró por la parte posterior del maxilar izquierdo y alcanzó el oído y el globo ocular. Con «pronóstico muy grave» fue trasladado de urgencia al Hospital Miguel Servet de la capital aragonesa tras ser estabilizado en la enfermería.

A primeras horas de la noche comenzaba una intervención quirúrgica ante la que los allegados al torero se encontraban con una tremenda inquietud. Al centro médico fueron acudiendo conforme avanzaba la noche los miembros de la cuadrilla del torero visiblemente afectados. Como afectado, con lágrimas en los ojos, abandonaba la plaza Miguel Abellán, que tuvo que dar cuenta de «Marqués» y rehusaba hacer declaraciones.

El apoderado del torero herido, Diego Robles, y el empresario de la plaza, Ignacio Zorita, con semblante más que serio. Dentro de la gravedad, una noticia esperanzadora: en principio se descartaron daños cerebrales.

La cornada marcó una tarde que antes no tuvo historia y después se desarrolló como en una nebulosa. Público y toreros, como en otra órbita, como ausentes. Y ahí cobró mucho más valor la profesionalidad y disposición tanto de Miguel Abellán como de Iván Fandiño, y de todos los que ayer vistieron de luces en el coso zaragozano.

Mala por fuera de tipo y mansa la corrida de Ana Romero. «Marqués» cumplió los cinco años allá por febrero, y desde entonces, o quizás antes, llevaba la parca en sus pitones.