Albert Llovera es subido al camión
Albert Llovera es subido al camión
Rally Dakar: entrevista

Albert Llovera: «Solo temo a los espasmos»

Esquiador, un accidente le dejó parapléjico a los 18 años. No siente nada desde el pecho. Corre el raid con un camión: «He conducido con anemia»

TOMÁS GONZÁLEZ-MARTÍN
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Es un héroe. Asediado por los seguidores en las redes sociales. Admirado por jóvenes y mayores. Albert Llovera Massana (Andorra, 11 de septiembre de 1966) contesta a toda persona que le escribe en pleno rally. Cuando alguien se lamenta por un problema común, lee la vida de este deportista discapacitado y se calla por vergüenza. Esquiador en su juventud, un accidente en la Copa de Europa le dejó parapléjico. «No siento nada desde el pecho para abajo, no tengo musculatura», revela este hombre que a los 50 años atacará, el 2 de enero, su segundo Dakar en un camión. Objetivo: «Acabar». Peligros: «Todos ¿Para qué pensarlo? No lo pienso». Este es Albert Llovera, un espejo en el que muchos deberían mirarse.

–Tras su accidente, en 1985, jugó al baloncesto en Estados Unidos antes de dedicarse al automovilismo.

–Vinieron a verme médicos de la NASA. Me llevaron a Houston para estudiar mi caso y otros. Allí me entrené muy fuerte. Luego fui a Virginia y jugué la Liga americana de baloncesto en silla de ruedas. Quedamos segundos.

–¿Y el salto a las cuatro ruedas?

–Comencé a conducir un coche adaptado y supe que era lo mío. Marchaba rápido. Y llegué a los rallys. El esquí y el automovilismo comparten varias cosas. Hay que mirar a las siguientes curvas y anticiparte. La diferencia es que ya no «peso» 70 kilos, sino que llevo un camión de 1.200. Hay que tener mucho cuidado, control.

–Pero usted se la juega en cada instante. ¿No teme un accidente?

–No le doy vueltas a eso. Está claro que juego muchos números de lotería para que me pase algo. Pero me gustan las carreras, me encanta arriesgar y cuando dejas de pensar en el peligro es cuando más disfrutas. Mire, cuando los demás se arrugan es cuando yo tengo posibilidades de recuperar el terreno perdido en cada etapa.

–Usted relata lo que debe hacer cada día en el Dakar y es todo un suplicio.

–Yo corro dos Dakares, el oficial y el posterior a la carrera. Cuando la jornada acaba y me bajo del camión, viene otro rally muy duro. Primero, no sé donde debo ir a hacer mis necesidades. Hemos creado una silla donde m siento y hago mis necesidades. La llevo también para sentarme en ella debajo de la ducha al aire libre. Ahora tenemos una cisterna y podré ducharme al menos con agua caliente.

–¿Y si necesita médico para sus rozaduras tras tantas horas sentado?

–Es otro problema extra. Si hay tierra o barro, no puedo ir en silla de ruedas. Me tienen que llevar. Todo son trabas.

–¿Teme usted a algo del rally?

–Solo temo los espasmos. El asunto que más me preocupa es la altura a la que correremos durante muchos días. No siento nada desde el pecho para abajo y a tanta altitud me dan espasmos en carrera que a veces duran dieciocho horas cada día. Eso desgasta demasiado. En el rally del año pasado me provocó anemia. No comía. Únicamente tomaba proteínas en polvo.

–¿Algún temor más?

–El barro. No me gusta pilotar con más de mil kilos encima y con unas ruedas tan grandes sobre el barro, porque no controlas. Y cuando un camión vuelca es muy peligroso. Aprendí en el Dakar que cuando un camión vuelca hay que parar y ayudar.

–Dijo hace dos años que la organización no quería pilotos impedidos, por un tema de seguridad . Ahora corren cuatro ¿Qué ha cambiado?

–En esta edición corremos tres parapléjicos y un doble amputado, sin piernas ni brazos. Las personas que sufrimos discapacidad no tenemos límites. Sí, nos ponemos uno: poder ir al Dakar y si es posible terminarlo.

–¿Se siente presionado por ser el referente de tanto admirador?

–No. Me siento responsable de continuar y cumplir retos. Corro porque siento la chispa del que disfruta con lo que hace. Nunca pensé que podría alcanzar estas velocidades, ni que subiría dunas, ni que pasaría entre la nieve a 4.600 metros de altitud.