Automovilismo

El Dakar y la Nascar, más retos para Alonso

El asturiano, que probó el coche ganador del desierto, ha acordado con Toyota disputar una carrera de la Nascar en agosto

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Hace unos meses, la actividad vital de Fernando Alonso consistía en una repetición del placer conocido. Las salas vip de los aeropuertos de referencia, los vuelos transoceánicos en primera clase, los mismos hoteles de cinco estrellas superior y el habitual proceso de 17 años en la Fórmula 1: ruedas de prensa los jueves, entrenamientos los viernes, clasificación el sábado, carrera el domingo. Una hoja de ruta que despejó el pasado 25 de noviembre en Abu Dabi, cuando se retiró de la F1. En su nueva vida de piloto total va de sorpresa en sorpresa. Ayer compareció en la otra punta del mundo, Sudáfrica, cerca de donde España ganó el Mundial, y se postuló para asumir otra variedad del automovilismo, el Dakar. Condujo por las dunas el Toyota ganador de la última edición en una sesión «divertidísima», según admitió él mismo.  Alonso, que es líder del Mundial de Resistencia y tiene como objetivo del año las 500 Millas de Indianápolis, ensaya para el Dakar y tiene en mente otro desafío con Toyota. Disputar en agosto una carrera de la Nascar, la categoría más comercial y popular de los Estados Unidos donde los pilotos son estrellas del rock. Serían cinco modalidades y competiciones distintas en menos de dos años para el campeón asturiano.

Alonso tiene el Dakar en su agenda de trabajo, como publicó ABC el 21 de noviembre de 2018, y ayer dio el primer paso oficial para embarcarse en una aventura de amplia dimensión. Realizó una prueba en las dunas del desierto de Kalahari, cerca de la población de Bokhara, a 900 kilómetros de Johannesburgo, con el Toyota Hilux del equipo Gazoo Racing. Lo acompañó como tutor el sudafricano de 47 años Giniel de Villiers, vencedor del Dakar en 2009. También estuvo en uno de los dos coches el copiloto habitual de éste, Dennis Murphy.

«Divertidísimo»

A través de Toyota, su equipo en el Mundial de Resistencia, el español pudo completar una jornada en un ámbito controlado, en el que experimentar por primera vez las reacciones de un coche fuera de un circuito, a campo abierto. Alonso, según admitieron a a ABC fuentes de su entorno, se lo pasó en grande y disfrutó de la experiencia.

«Ha sido divertido, diferente, sobre todo el entender que el coche acepta una cantidad de maltrato importante porque vas sobre piedras, saltando, y responde a todo bien», declaró Alonso en un comunicado.

Nadie en el universo Alonso se atreve a asegurar que vaya a disputar el Dakar 2020, pero nadie lo descarta. En una ocasión aseguró el piloto que no se veía en los rallys. Afirmación categórica a la que no dio crédito su amigo Carlos Sainz padre, ganador dos veces del Dakar (2010 y 2018). «Lo haría muy bien. En alguna ocasión hemos hablado de las dunas. Si decide hacerlo, como es un superdotado y se pone manos a la obra, seguro que lo haría bien».

Alonso está en ello, según admitió después de la prueba en Sudáfrica. «Esta disciplina del motor es una de las más complejas. Luchas contra cosas que están fuera de tu control. No estás en una zona cerrada como los circuitos, no en un espacio abierto, y todo puede pasar, te tienes que adaptar, estar centrado durante mucho tiempo porque las etapas son muy largas. Y bueno, el Dakar es la carrera más dura del mundo».

La expansión de Alonso lejos de la Fórmula 1 se mide en términos colosales. Su objetivo primordial de 2019 son las 500 Millas de Indianápolis, que correrá con un McLaren rotulado con el número 66. Persigue así la denominada «triple corona» (ganar el Gp Mónaco de F1, las 24 Horas de Le Mans y las 500 Millas). Alonso ya tiene las dos primeras.

Para conquistar el WEC le quedan dos pruebas (Spa y Le Mans). Lo normal, según las fuentes que conocen el asunto, es que no renueve su contrato con Toyota para permanecer en 2020 en el Mundial de Resistencia. Ningún piloto en la historia ha levantado el título WEC, el de Fórmula 1 y el Dakar. Solo Jacky Ickx fue capaz de algo similar (se anotó dos veces el WEC –1982 y 1983– y una el Dakar –1983–).

La temporada de Alonso iba a acabar a mitad de junio (el 16 se celebra Le Mans), pero en su hoja de ruta ha surgido una opción distinta que el piloto ya ha considerado. La Nascar. Esa categoría que causa furor en los Estados Unidos y que es casi desconocida en España. Coches de serie rodando en circuitos ovalados a velocidades de vértigo.

Convertido ya en una estrella en EE.UU. después de Indianápolis y las 24 Horas de Daytona, Alonso ultima el acuerdo con Toyota para disputar una carrera de la Nascar en agosto. Podría ser en Watkins (el día 4), en Míchigan (el 11) o en Brístol (el 17) en un calendario que no tiene fin.

Toyota Camry, otro coche a su colección

Después de la Fórmula 1, el Mundial de Resistencia, las 500 Millas de Indianápolis y la alternativa del Dakar, a Fernando Alonso se le abren las puertas de la Nascar. Ultima un acuerdo con Toyota para concursar en una prueba de las muchas que existen en el calendario de esta modalidad, reina absoluta del automovilismo en Estados Unidos. Salvo que se tuerza el convenio, Alonso va a participar en una carrera de la Nascar en agosto.

Podría ser en una de estas tres citas del mes: Watkins Glen International (4 de agosto), Michigan International Speedway (11) o Bristol Motor Speedway (17). El campeonato se compone de 36 pruebas, más seis exhibiciones, para un total de 42 en un calendario extenuante que copa casi todos los fines de semana.

Lo normal sería que Alonso disputase ese ensayo en la Nascar con el Toyota Camry, que es el líder de la competición. Las últimas elecciones del piloto, lejos de la Fórmula 1, están resultando un éxito. El Toyota es el líder del WEC y también el coche que venció en el último Dakar. En la Nascar también manda por delante de Ford y Chevrolet después de que se hayan celebrado seis carreras.

Alonso ya probó un coche Nascar el pasado 26 de noviembre, un día después de decir hasta siempre o hasta luego a la Fórmula 1. Lo hizo en el circuito de Sakhir, en Bahréin. Intercambió un McLaren de 2013 con el Chevrolet Camaro ZL1 de Jimmie Johnson, uno de los tres pilotos con más títulos (7) en la historia de la Nascar.

Este campeonato es la modalidad estrella en el automovilismo en Estados Unidos. Se suele disputar en circuitos ovales y son siempre coches de serie, en teoría recién salidos de la fábrica.