Los padres de Celia, en el centro, sin trofeos, con los ganadores de la jornada
Los padres de Celia, en el centro, sin trofeos, con los ganadores de la jornada
Celia Barquín

Una escuela y un torneo en memoria de una campeona

San Vicente de la Barquera se vuelca con la familia y los amigos de la golfista, cuya figura ya es un referente para las futuras generaciones

San Vicente de la BarqueraActualizado:

Lejos de ser un día triste o luctuoso, el ambiente vivido en el I Memorial Celia Barquín fue alegría y esperanza. El centenar de jugadores que se acercaron al recorrido cántabro de Santa Marina y la cifra similar de acompañantes que arroparon a la familia de la desaparecida deportista, no dejaron de recordar en ningún momento su contagiosa sonrisa. Un retrato suyo permanecía presente en la casa club y en una pantalla se repetían constantemente los testimonios en los que sus compañeras y amigos rememoraban innumerables anécdotas de su corta pero exitosa carrera deportiva. «Se notaba que era un campeonato especial, toda la gente lo sentía como algo diferente –explica el director del campo, Mariano Saiz–. Pusimos una bandera amarilla en el hoyo 18 con el logo de Celia y otra blanca en el 9 con la silueta de Seve, con lo que se conjugó la unión de las dos familias». En efecto, desde que hace once meses fuera asesinada en un campo estadounidense, los Barquín se han sentido arropados por los Ballesteros y sus hijos también estuvieron presentes en la cita, donde Javier, presidente de la Fundación que lleva el nombre de su padre, ofreció un clinic para sesenta niños. «Pusimos el nombre de Celia a la Escuela de Golf del club y desde ahora trataremos de que todos los pequeños puedan disfrutar de los éxitos que ella obtuvo», indica Saiz.

Una trayectoria tan meteórica como la suya es difícil de igualar. Desde que comenzó a jugar en el campo público de Abra del Pas (que también ha sido renombrado en su honor) destacó a nivel regional y a los nueve años ya se proclamó subcampeona de España benjamín.

Cambio de licencia

Cuatro cursos después se coronó como infantil y, a raíz de unas desavenencias con la Federación Cántabra, marchó a jugar al vecino club de Llanes y se federó con Asturias. «Desde que cayó en nuestras manos contribuyó a crear la mejor generación amateur de nuestra historia -destaca Arturo Zarauza, técnico asturiano- y ganó tres campeonatos nacionales interterritoriales, además de formar parte de los equipos nacionales». Junto a Ana Sanjuán formó una de las parejas más sólidas de «match-play» de la historia, que les llevó a ganar veinte partidos de manera consecutiva. Esta joven campeona, junto a su hermana Covadonga, Paula Neira, o la campeona del mundo Elena Arias, todas ellas compañeras de equipo de Celia, quisieron estar presentes en San Vicente de Barquera para recordar a su amiga. Vestidas de amarillo, como le gustaba a Barquín, llenaron la jornada de sonrisas para homenearla. Pero la atracción de su nombre no se quedó solo en las provincias norteñas. Su gran rival universitaria, la italiana Virginia Carta, no dudó en viajar también a esta celebración de su persona.

A la última etapa universitaria estadounidense en Iowa State llegó bajo la tutela de la Federación Española, con cuyos combinados fue bronce en el Europeo de 2015, plata en el siguiente y, por fin, oro en 2018. «Cuando el pasado verano quedó campeona europea decidimos hacerla socia de honor de Santa Marina -prosigue Saiz- pues es el club de sus padres y donde solía entrenarse cuando venía a España de vacaciones. Lamentablemente no nos dio tiempo a entregárselo porque en septiembre ocurrió el drama y hemos querido aprovechar ahora este torneo para hacerlo a título póstumo».

Un legado para siempre

Aunque todavía no se ha concretado nada plausible, desde varios sectores se está sugiriendo la posibilidad de crear una fundación con el nombre de Celia que aglutine todas las propuestas de futuro que se presentan a partir de ahora. La familia las está valorando y no se destaca que en poco tiempo se constituya esa forma jurídica, pero mientras tanto ya se están dando pasos en la idea de promover lo que tanto entusiasmó a la golfista: estudiar y jugar. «En nuestra escuela buscamos formar buenas personas antes que jugadores –recalca Saiz– y eso pasa por una buena educación. Si no sacan buenas notas, no pueden seguir». Y el premio gordo para los alumnos más destacados podría ser acudir becados a la Universidad de Iowa State, si prosperan las gestiones con la entrenadora de Celia.