José María Olazábal
José María Olazábal - ISABEL PERMUY

GolfJosé María Olazábal: «Hace tiempo que ya no sueño con volver a ganar el Masters»

Veinticinco años después de su primera chaqueta verde, el jugador vasco afronta el mejor torneo del mundo con ilusión, pero sin ninguna presión

Actualizado:

Ya sea en el tradicional calendario de pared o en las más modernas agendas de los móviles, el mes de abril siempre está marcado con un color especial en las previsiones de José María Olazábal. Es cuando se celebra el Masters de Augusta, y el de Fuenterrabía lleva 34 años enamorado de este torneo. Eso a pesar de que en su primera participación en 1984 pagó el peaje del novato y no consiguió pasar el corte, algo que no sucedió hasta cinco ediciones más tarde. Pero lo que vio aquí le cautivó para toda la vida.

¿Por qué es tan especial el Masters?

Por muchas razones, pero se podrían resumir en que es un torneo único. La forma en la que organizan todo, cómo cuidan los detalles, cómo nos tratan a los jugadores... en suma, es una experiencia que nunca me gusta perderme.

Lamentablemente, en su dilatada trayectoria ha tenido que ausentarse de esta cita en seis ocasiones a causa de las lesiones ¿Cómo está de salud en la actualidad?

Bien, dentro de las circunstancias. Tengo lo que tengo (artritis reumatoide) y me veo muy limitado en determinados momentos, pero al menos puedo seguir jugando al golf, que es lo que me gusta.

Este año es muy especial para usted, porque se cumplen veinticinco años desde que ganó su primera chaqueta verde. ¿Qué recuerda de esa edición de 1994?

Muchas cosas y muy especiales. Siempre que consigues ganar tu primer grande los recuerdos son maravillosos, aunque la semana fue dura como siempre. El camino nunca es sencillo y se me han quedado grabados momentos especiales. Pero lo más curioso es que, a pesar del tiempo transcurrido, mantengo completamente vívida la sensación de los últimos seis o siete hoyos. Me acuerdo perfectamente de todos los golpes que pegué y de las emociones que viví.

Una de las ventajas que le da el hecho de ser campeón en el National es que puede seguir participando en el torneo mientras se siga manteniendo competitivo. A sus 53 años, ¿sigue soñando con ganar una nueva chaqueta verde?

No, en absoluto (risas). Soy consciente de que el campo es tremendamente largo y que se ha vuelto prácticamente imposible para los jugadores de nuestra generación. Es excesivamente exigente para nosotros, por los palos tan largos que tenemos que jugar hasta los greens.

Pero, conociéndole, tampoco nos creemos que haya venido aquí de vacaciones...

No, eso tampoco, que no se me malinterprete. Sé que no puedo ganar, pero siempre que salgo a un campo de golf es para hacerlo lo mejor posible. Y en mi caso, un buen papel sería pasar el corte. De hecho, ese ha sido mi auténtico objetivo en el Masters en los últimos años.

¿Cuando habla de un recorrido exigente se refiere a algún detalle en concreto?

Donde he notado el mayor cambio es en el diseño del campo de golf, que desde el año 2000 ha ido modificándose poco a poco. Lo han ido alargando paulatinamente y, para esta semana sin ir más lejos, tenemos el hoyo cinco con cuarenta metros más que en el pasado. En ese sentido es donde, para mi juego, se ha marcado la diferencia todos estos años.

Cambios muy medidos

Con dos títulos en su haber (el segundo lo logró en 1999) José Mari ha vivido en primera persona toda la modernización que comenta. No obstante, de acuerdo con la idiosincrasia del club, no son partidarios de grandes revoluciones y los cambios se producen con mucho tiento.

¿Con la perspectiva del tiempo, qué diferencias encuentra entre el torneo de los ochenta y el del siglo XXI?

Creo que la organización prácticamente no ha cambiado, lo tienen todo muy bien estudiado y lo llevan al dedillo. Sí es verdad que en cuanto a infraestructura ha mejorado muchísimo y en parte la hemos notado nosotros los jugadores, con la zona del campo de prácticas. Pero quizá los medios de comunicación sean quienes más lo estén disfrutando ya que el edificio de prensa que les han construido es todo un espectáculo y parece un hotel de cinco estrellas (bromea).

En cuanto a los golfistas, ¿hay ahora más miedo a la hora de afrontar esta semana que cuando usted empezaba?

No creo que haya tanta diferencia, porque tienes que tener una cierta actitud para llegar a lo más alto y contar con la mentalidad de un ganador. En este sentido puede haber pequeñas variaciones entre unos caracteres u otros, pero apenas hay diferencias entre las viejas generaciones y las nuevas. Donde encuentro que hay un abismo es en lo referente a la preparación física. Hoy en día son auténticos atletas, están mucho mejor preparados físicamente y tienen un mejor conocimiento del movimiento y de la técnica del swing. En ese sentido sí que estamos viendo una gran evolución.

El hecho de jugar en el mismo sitio todos los años ¿puede hacer de este torneo el más asequible de todos los grandes, que cambian siempre de ubicación?

Yo creo que ganar cualquiera de los cuatro torneos del Grand Slam es igual de difícil. Sí que es verdad que este diseño del National tiene unas características que no encuentras en ninguno de los otros majors que jugamos, pero eso no quiere decir que sea más fácil. Con el transcurso de los años se ha ido haciendo mucho más exigente desde los tees de salida, las calles se han estrechado porque han plantado más árboles y no cabe duda de que los tapetes de Augusta son únicos por su extremada rapidez. Sinceramente, no creo que sea más sencillo vencer aquí por muchas vueltas que le hayas dado al recorrido.

Un cuarto español

Desde los éxitos de Seve (1980 y 83) y usted (94 y 99) hubo un gran lapso hasta que Sergio García venció en 2017. ¿Habrá que esperar tanto para que un cuarto español se sume al palmarés?

No veo por qué. No considero que nos haga falta nada especial para que otros compatriotas ganen la chaqueta verde. De los que están ahora entre los treinta mejores del mundo, Jon Rahm y Rafa Cabrera lo están haciendo muy bien. Tienen opciones de triunfo casi cada semana y no debería sorprendernos. Ahora bien, lo que sí quiero dejar claro es que ganar un grande es muy difícil y hacerlo cuando hablamos de un grupo tan reducido jugadores, es muy complicado. Espero que llegue el momento más pronto que tarde, pero debemos tener cierta paciencia y tomarnos las cosas con calma.

¿Les daría a ambos algún consejo en especial?

Simplemente les repetiría eso último, que ganar un grande es cuestión de paciencia. Se vio en el caso de Sergio y estoy convencido de que tanto Jon como Rafa tienen el golf que se necesita para ganar en esos torneos.

Una vez encaminadas hacia la gloria las nuevas hornadas de golfistas españoles, ¿qué le queda a usted por hacer en la alta competición?

Disfrutar, que es lo más importante. La ilusión no la pierdo, pero soy consciente de que el juego no está como tiene que estar para optar a una victoria, por ahora.

¿En qué sentido le ayuda a mantener ese espíritu competir cada semana con Miguel Ángel Jiménez, para quien parece que no pasan los años?

Me motiva muchísimo. Miguel Ángel está manteniendo una longevidad deportiva envidiable que le hace seguir teniendo un nivel de juego extraordinario. Prácticamente entrenamos juntos todos los días en cada torneo del Champions Tour y siempre le digo que me parece impresionante que aunque van transcurriendo los años, no está perdiendo ni una ápice de consistencia ni de precisión. Eso es algo muy difícil de conseguir y para mí se ha convertido en toda una referencia.