Rafa Cabrera acompañado por Jon Rahm
Rafa Cabrera acompañado por Jon Rahm - ABC
Masters de Augusta

Dos herederos a la espera

Rafa Cabrera y Jon Rahm ya saben lo que es acercarse a un major y están deseando ser el cuarto español en el olimpo

Miguel Á. Barbero
Enviado especial a Augusta (EE.UU.)Actualizado:

Siempre existirá la eterna cuestión de dilucidar si el mejor grande del calendario es el Masters de Augusta o el Open Británico. En cuanto a glamour y carisma parece que gana el primero, mientras que el segundo es la representación perfecta de la tradición y la pureza del golf. Ahora bien, en lo que se refiere al deporte español, las cifras hablan por sí solas: la chaqueta verde ha cruzado cinco veces el Atlántico (dos con Severiano Ballesteros, dos con José Mari Olazábal y una con Sergio García) mientras que la Jarra de Clarete sólo viajó tres veces a Cantabria.

Así las cosas, en este major inaugural de la temporada se abre la posibilidad de añadir un cuarto nombre al palmarés nacional. Tanto Jon Rahm como Rafa Cabrera llegan bien preparados y con la moral a tope para entrar por méritos propios en el olimpo del golf. El vasco lleva un temporada muy sólida (ha terminado en seis torneos entre los diez primeros) y ya acabó cuarto en el National el año pasado. «En mi primer año llegué muy cansado, tuve que hacer un gran esfuerzo para clasificarme y en la última jornada me dio un bajón físico tremendo -explica-; sin embargo, el año pasado fue al revés. Fui de menos a más y tuve opciones de victoria hasta los últimos hoyos». Una de las claves de su buen hacer en el jardín de Bobby Jones fue dejarse aconsejar por los campeones. «Olazábal me explicó varios trucos y también Phil Mickelson, con quien me une una gran amistad y de quien extraje una idea como resumen, que no hay que jugar perfecto en Augusta para ganar; aunque falles, tienes opciones».

También se ha sabido rodear bien de chaquetas verdes Cabrera, que cada vez se va sintiendo más cómodo en este vergel. Después de haber practicado en el pasado con Olazábal y García, este año compartió unos hoyos con Adam Scott. «Siempre es muy útil que los campeones te vayan dado detalles del campo. Es el cuarto año que estoy presente, he ido aprendiendo a conocerlo poco a poco y cada vez estoy más convencido de que se ajusta muy bien a mi juego. Creo que tengo suficiente distancia para competir bien aquí, suelo ser consistente con los hierros y ya sé la importancia de fallar por el lado bueno de los greens. No veo por qué no voy a poder estar ahí arriba el domingo».

Competencia feroz

Ninguno de los dos lo va a tener fácil esta semana dado el nivel de los participantes («podría dar una lista de treinta nombres con sobradas cualidades para ganar aquí», señala Rahm), pues desde la primera jornada van a tener duros huesos de roer al lado. El canario jugará con Francesco Molinari y Tyrrell Hatton (19:16 hora española), mientras que el vizcaíno lo hará con Tiger Woods y Haotong Li (17:04 h). «La última vez que jugamos juntos no se me dio nada mal», bromeó Jon con respecto a su victoria en la Ryder Cup de París, aunque un torneo stroke-play a 72 hoyos es completamente diferente. Los partidos de los otros españoles serán García, Tony Finau y Henrik Stenson (15:58 h) y Olazábal, Kevin Na y Thjoborn Olesen (17:59 h).

Tanto Cabrera como Rahm están deseosos de añadir su nombre en un grande para el golf español. Y aunque el primero obtuvo su mejor resultado en un «British» (cuarto), sigue insistiendo en que Augusta se le da de cine. «Solo necesito tener esa semana de cara con algún momento de fortuna, porque el juego lo tengo. Siento que puedo ganar un grande y aquí ya he aprendido a jugar con un punto de agresividad, porque si al final juegas con miedo empiezas a fallar».

Jon, por su lado, se siente plenamente identificado con todo lo que ve por aquí y está deseando culminarlo. «No diría que es un campo al que tenga cogido por la mano, pero sí que es un recorrido que me viene bien a mí como jugador y como persona. Me refiero a tu imaginación, como ves ciertos golpes, como es tu manera de pensar y jugar al golf. Es más cuestión de ser un jugador creativo y de sensaciones que un jugador científico. En Augusta me siento como un jugador completo».