Una lesión maldita para los deportistas

El miedo a sufrir una recaída y el largo periodo de rehabilitación convierten la rotura del ligamento cruzado en la más temida

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Como si fuera un automatismo, Marco Asensio reprodujo uno por uno los gestos habituales de una lesión maldita: el ligamento cruzado. El grito inicial por el dolor, la mano agarrando la rodilla, las lágrimas de rabia al saber que algo muy grave ha sucedido... Son tantos los deportistas que han pasado por este calvario que el ritual se conoce casi de memoria.

Solo el año pasado quince futbolistas de Primera sufrieron esta misma lesión. La lista histórica es interminable y no entiende de jerarquías: Ronaldo Nazario, Xavi Hernández, Víctor Valdés, Diego Costa, Jesé... Y aunque tiene una mayor incidencia en el fútbol, no es exclusiva de este deporte. Sergio Llull, Ricky Rubio o Carolina Marín, que aún está en proceso de recuperación, también han pasado por este trance.

«Lo peor para Asensio es que se trata de una lesión combinada de ligamento y menisco, por lo que quedan comprometidas tanto la estabilidad como la amortiguación de la rodilla» sostiene el doctor Pedro Luis Ripoll, director del centro médico de excelencia FIFA Ripoll y De Prado. «Lo fundamental es conservar el menisco entero para garantizar que la recuperación sea completa. Si no restableces la amortiguación, a la larga se producirá un desgaste en la rodilla».

Tres fases

Asensio se enfrenta a tres fases de recuperación bien diferenciadas. La primera, la más inmediata, será la rehabilitación tras la cirugía a la que será sometido en los próximos días. Serán cuatro meses de duro trabajo e interminables sesiones de fisioterapia. «Es lo que tarda en madurar el nuevo ligamento», explica el doctor Ripoll. Después llegará un periodo de readaptación de similar duración: «El deportista debe reeducar su cerebro para recuperar los patrones previos a la lesión sin que se resienta la rodilla». Para este proceso los deportistas cuentan desde hace relativamente poco tiempo con un gran aliado en las nuevas técnicas de análisis de movimiento, que incluso ayudan a prevenir recaídas.

La última fase es la más delicada, y también la que tiene peor pronóstico de recuperación. Para el doctor Ripoll, «el año posterior a la lesión es muy peligroso». Y se explica: «El deportista tiene miedo a volver a romperse, viene de un periodo sin competir y está lleno de dudas. Esa inseguridad debe ser controlada». «Después de la segunda lesión lo pasé muy mal, lloré todo lo que tenía que llorar y me refugié en mi familia», contaba hace dos años a ABC el guardameta del Villarreal Sergio Asenjo, que ha pasado cuatro veces por el quirófano.

Algunos recurren a un psicólogo, otros prefieren superarlo en soledad y algunos, como Llull, escogieron compartir cada día de recuperación con sus seguidores en las redes sociales. «Era algo positivo para mí. Recibía mensajes de personas que estaban pasando por lo mismo y que me decían que mi ejemplo les servía». «Como no puedo correr tal vez me ponga a escribir novelas», bromeaba José Javier Hombrados, histórico portero de la selección de balonmano, cuando le tocó a él. Lo que sea para acortar los días al máximo. A esa realidad deberá enfrentarse Asensio, al que ya le queda un día menos para volver.