24 Horas de Le Mans

Le Mans, más tráfico que en la M30

La carrera congrega a 62 coches en cuatro categorías en una prueba de 96 años y tradición invariable

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Todo tiende al gigantismo en Le Mans, una población en el centro de Francia del tamaño de Ávila (52.000 habitantes). La sala de acreditaciones se encuentra en el exterior de un campo de fútbol, el circuito de la Sarthe tiene 13,629 kilómetros, el domingo se juntan en las gradas 300.000 espectadores, la velocidad máxima jamás alcanzada llegó a 407 kms/h (Roger Dorchy en 1988) y en la edición de 2019 compiten 62 coches mezclados en cuatro categorías diversas según el potencial del vehículo. Cifras grandilocuentes que honran a una carrera invariable en sus tradiciones desde 1923. Son 96 años de las 24 Horas de Le Mans.

Esta prueba nació y sobrevive como punto nuclear del automovilismo por su germen rebelde. En vez de hacer una carrera de velocidad tipo Fórmula 1, inherente la idea al concepto de coche, estableció otra variable: vehículos deportivos fiables, resistentes y de consumo eficiente de combustible. Algo parecido al vocablo que hoy mueve a tantas empresas y desarrollos sociales: sostenibilidad.

La pista es una ruta pública en los alrededores de la ciudad que enlaza con el circuito permanente Bugatti donde se disputa el gran premio de Francia de motociclismo. En ese escenario, de envoltura antigua, han corrido más de 3.450 pilotos. Una monstruosidad que identifica una de las singularidades de la carrera: el tráfico.

Son 62 coches encuadrados en cuatro rangos. Los LM P1, ocho bólidos incluido el Toyota de Alonso, Buemi y Nakajima, que son las creme de la creme. Los más rápidos en un contexto de fiabilidad y resistencia. Están luego los LM P2, coches de equipos privados con menos nervio y robustez. En el tercer escalón, los GT Pro, prototipos de calle preparados para las 24 Horas. Y al final del escalafón, los GT amateur, vehículos que deben tener más de un año de vida y que pueden ser conducidos por pseudoaficionados. 62 máquinas en la pista, 186 pilotos en liza durante el fin de semana, incluida la noche, seña de identidad de Le Mans. Un atasco permanente.

Atasco permanente

«El peligro siempre es el tráfico. Hay que gestionar ese riesgo», advierte Fernando Alonso, quien ayer habló, cómo no, de su futuro. «Sé lo que haré en 2020, pero no es momento de comentar nada». Le apetece probar en el Dakar con Toyota y circula el rumor de un hipotético regreso a Ferrari en la Fórmula 1, pero el piloto que se juega el título mundial del WEC no dice nada.

«A veces te encuentras a dos coches inferiores y esperas que te vean a la vuelta siguiente para poder adelantarlos -explicó el asturiano-. A veces encuentras en un coche a un piloto profesional al que ya has analizado cómo adelantar y a la vuelta siguiente se ha subido un señor... un piloto aficionado».

Antonio García es íntimo amigo de Fernando Alonso, piloto que corrió con él en los karts en los finales de los 80 y que concursa en las 24 Horas en la tercera categoría con un Corvette de motor Chevrolet. Ha participado 13 veces en su franja GT Pro y ha ganado tres veces la prueba. Coincide con la estrella asturiana. «Lo básico en Le Mans es administrar el tráfico con experencia, sabiendo que habrá coches más rápidos y más lentos que tú. Aunque haya 62 coches, hay cuatro carreras independientes. Lo básico es interactuar lo menos posible con ellos».