Golf

Mochila, paraguas y a disfrutar del golf en el British

Miguel Ángel Barbero
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El aficionado al deporte es muy dado a realizar turismo relacionado con los grandes acontecimientos. Así, hay gente que viaja a los partidos internacionales de sus equipos favoritos o bien que prefiere disfrutar de eventos concretos, sin tener ninguna motivación especial. El Tour de Francia se llena de seguidores que pasan horas en una cuneta esperando a que pasen sus ídolos y hay miles de personas que darían lo que fuera por conseguir una entrada para una carrera de Fórmula 1 o para un partido de la NBA.

En el caso del Open Británico, se mezclan las personas que acuden por sentirse parte de un acontecimiento mundial junto a los que son practicantes de golf y viven esta semana como la más deseada del año. «He venido con un grupo de ocho jugadores amateurs que quieren vivir las sensaciones del golf en su máximo exponente», comenta Pedro Fernández, antiguo jugador de baloncesto y en la actualidad responsable de Lowgolf, una agencia especializada en viajes de golf. «Les proporcionamos un paquete completo con el viaje, los traslados, las entradas, el alojamiento a cien metros de Royal Portrush y, además, la posibilidad de jugar también en otros campos cercanos», explica, por lo que esta semana se convierte en un auténtico sueño para ellos. Pueden jugar al golf por la mañana y luego seguir a sus ídolos por la tarde. Y luego, acceder a diversas carpas VIP en las que se vive el espectáculo de una forma diferente. «Empezamos viniendo solo al Open y ahora ya vamos también al Masters, a la final de la Race to Dubai y a la Ryder Cup. A la gente le encanta la experiencia y repite de un torneo para otro», se congratula. A pesar del tratamiento de lujo que reciben, la experiencia no llega a los 2.000 euros.

También por internet

Otra manera de echarse a las dunas de este links norirlandés es con una buena planificación previa por internet. Jon Ander Martínez viene desde Oñate (Guipúzcoa) para seguir a Jon Rahm y no se va a gastar más de mil euros. «Vengo con un amigo del club de Larrabea, nos alojamos en Belfast y luego tenemos una hora de viaje en tren o en autobús», comenta mientras espera para ver la salida de su ídolo en el hoyo 15. Viene pertrechado con su mochila y también con un taburete plegable con el que conseguir una buena visión de cada golpe de su ídolo. «Seguimos unos hoyos a Jon y otros a Otaegui, nos vamos organizando según los horarios de salida. Y a pesar de la lluvia disfrutamos un montón».

Al contrario que este aficionado vasco, Francisco Azorín es la primera vez que pisa un British y le está encantando la experiencia, a pesar del cansancio que ya se acumula. «El primer día aprovechamos para hacer turismo por la zona y los siguientes para ver otros campos de golf, pero luego paso en el torneo muchas horas -reconoce-. No tengo una estrategia determinada, a veces sigo a un partido concreto y otras me subo a una grada para ver a los jugadores pasar».

A lo largo de tantas horas hay que comer y beber y, como los precios dentro del club no son baratos, conviene traerselos de casa. «Encontré una casa compartida con otros españoles a diez minutos de aquí y hay un ambiente muy bueno. Pero lo que más me ha impresionado es la cultura deportiva que hay por todas partes. A la gente le encanta hablar de golf y los locales se esfuerzan por agradarte cuando te ven extranjero. Se sienten orgullosos de sus campos y son súper amables».

Con todas las entradas para este Open vendidas, ya están a la venta las de la edición de 2020. Desde 20 euros.