Esteve, que no tiene movilidad del pecho para abajo desde el accidente de 2007, se ejercita con su preparadora
Esteve, que no tiene movilidad del pecho para abajo desde el accidente de 2007, se ejercita con su preparadora - Repsol Media
Rally Dakar

Los mosqueteros de Isidre Esteve

El piloto afronta el Dakar con la alegría y la confianza de su grupo de siempre

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En una conversación con Isidre Esteve la palabra que más se repite es «gracias». Le sale como un resorte, instantáneo y sin pensar. Porque para que él afronte esta nueva edición del Dakar, hay un grupo de personas, entre equipo y patrocinadores, que ha hecho de su ilusión una realidad: volver a las dunas, a competir, a pensar en ganar. El núcleo: su copiloto Txema Villalobos, su preparadora física Lidia Guerrero y su mecánico David Pigem. Un trío de Mosqueteros que custodian a D’Artagnan por el desierto.

Son muchos años en la caravana del Dakar. Con momentos muy malos, como aquellas llagas que dejaron a Esteve un año y medio en la cama en 2009, y muy buenos, como casi todos los días en los que el piloto prepara el viaje, la maleta y la ilusión. «Empecé con él en 2008 como mecánico. Nos compenetramos. Al regresar en 2012, no sé por qué, me llamó y me dijo: “Txema, voy a correr otra vez, ¿quiere ser mi copiloto?” Nunca había sido copiloto. Y muy sorprendido, le dije “claro que sí”. Pero con nervios. Él me dijo: “Tranquilo, iremos aprendiendo”».

Las lecciones fueron en ambas direcciones: para Villalobos, la rapidez en la toma de decisiones; para Esteve, recibir órdenes. «Era piloto de motos, nunca había tenido copiloto. Las primeras veces se sorprendía cuando le llegaba mi voz a través del auricular. Sentir las direcciones le sobrecogía un poco. Incluso le costaba discernir la derecha y la izquierda. En motos no tenía que pensar, veía el punto y lo seguía, ahora tiene que asimilar la información. Ahora incluso tenemos algunos gestos para que lo vea de reojo. Pero no le costó nunca aceptar las órdenes. Siempre está superatento y si yo digo algo “hay que parar o frenar” me hace caso perfectamente. Es muy obediente», sonríe Villalobos. Y continúa: «Es una persona muy… no mira el problema sino cómo solucionarlo e ir hacia delante. No dice nunca: “mira, qué nos ha pasado”, sino “Txema, ¿qué hacemos para arreglarlo?”».

Un largo proceso

Esta obediencia también la ejerce en el gimnasio, donde Lidia Guerrero lleva años preparando su cuerpo para las dificultades de las dunas, el coche adaptado y las sorpresas. Este año se ha ejercitado como nunca, con la experiencia que le ha otorgado controlar sus brazos para contrarrestar la «ausencia» de sus piernas debido al accidente que sufrió en 2007 y que lo dejó sin movilidad de pecho para abajo. «Tras el accidente solo intentamos ponernos pequeños objetivos a corto plazo, que pudiera conseguir. Intentar que se vistiera solo, conseguir que pudiera entrar él solo en el coche, después conducir... No fue “vamos a correr el Dakar” porque hubiera sido un suicidio. Eso vino mucho después, cuando nos dimos cuenta de que podíamos hacer y lograr esas pequeñas metas», relata. «Y ahora en el gimnasio es un aprendizaje continuo. Salen situaciones que puede hacer y que antes no podía. Intento motivarlo y sacar el máximo partido de la parte funcional, de pecho para abajo, desde el hombro hasta las manos, pero sin sobrecargar. Es un equilibrio. Adaptamos el entrenamiento a sus necesidades, nada más», continúa Guerrero, que hizo prácticas en un hospital en el que rehabilitan personas con lesión medular para reaprender y ajustarse también ella después del accidente.

Aunque también recalca la importancia de la tecnología, que ha permitido a Esteve competir en las mismas condiciones que sus rivales. «Isidre no hubiera vuelto al Dakar en una categoría especial. Tiene un coche adaptado y el cojín inteligente le permite centrarse en correr y olvidar las llagas por presión de 2009», relata.

Esteve controla el vehículo a través de un volante construido para él, con un aro delante para acelerar y otro por detrás para frenar. David Pigem, su mecánico desde 2013, se encarga de que todo funcione a la perfección. «Para la gente de fuera puede parecer que llegar al Dakar con una silla de ruedas es muy difícil. Pero nosotros lo hemos hecho normal. Pilota igual que otro. Y ya está. Como mucho eso, que cuando se pincha una rueda ni baja del coche a ayudarme», completa Villalobos.