Mireia Belmonte celebra el oro en 200 mariposa
Mireia Belmonte celebra el oro en 200 mariposa - EFE

Natación | Mundial de BudapestEl Mundial de Mireia Belmonte

La española sufrió en el inicio y la atrapó un resfriado al final, pero concluye con dos platas y un oro, su mejor campeonato

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Cuenta su exentrenador Jordi Murio, que al llegar al Centro de Alto Rendimiento, con 12 años, Mireia Belmonte colgó un cartel en su habitación: «Quiero ser campeona olímpica». «Pocos tienen esa visión de futuro», expresaba para ABC quien la guiara en sus primeras carreras. Para optar a una medalla, la española entendió que no debía escapar ninguna oportunidad y que se lanzaría, por duro que fuese, a todas las pruebas. Lo ha hecho siempre, también en este Mundial de Budapest, con tres medallas en una semana tobogán en cuanto a sensaciones y resultados.

Sin final en 200 estilos y 400 libres

Estaba dentro del plan. Un mal primer día de competición porque había que habituarse a todo de golpe: el agua, el pabellón, la adrenalina, los nervios... Lo reconocía la propia nadadora, que de afrontar torneos ya tiene bastante experiencia: «Es el peor día. Tener una prueba de velocidad y otra de medio fondo. Es el más difícil». Lo fue para su ambición, sin final ni en 200 estilos ni en 400 libres. Dos oportunidades perdidas porque la española siempre lo quiere todo. Pero consciente de su potencial, se limitó a comentar: «Me noté un poco rara al empezar, espero que mañana me vaya mucho mejor».

La mejor de las mortales: plata en 1.500

Al día siguiente, como predijo, salió todo mucho mejor. Tanto como para brillar en plata en la larga distancia de los 1.500 metros. Con Katie Ledecky en su propio mundo, la badalonesa conquistó su primer metal con autoridad, estrategia y la fuerza final que la caracterizan. «No me lo esperaba. Mantuve la calma y dejé pasar el tiempo», analizaba. No se lo esperaba, pero lleva muchos entrenamientos ganando esta medalla, que le da un buen impulso para afrontar esta misma prueba en los Juegos de Tokio 2020, pues será olímpica.

Por fin, el oro mundial en 200 mariposa

En cuanto terminó Río 2016 se propuso ese reto. Esa medalla que le faltaba para completar, o al menos continuar, un palmarés extraordinario. Lo logró en su prueba favorita, donde ya había sido campeona de Europa y también olímpica, en los Juegos del pasado verano. Por fin era campeona del mundo, tras una carrera que se decidió por centésimas, pero que sabe igual a una gloria después de no haber participado en los Mundiales de Kazán 2015 por una lesión.

Resfriado: cuarta en 800 libres

La tos, los mareos, el enfriamiento le cortaron las alas y el aire de los pulmones. También el cansancio acumulado en las piernas y los ánimos. Conservó en los primeros largos, pero ni siquiera su gran estirón final le ayudó para subir al podio. «Estaba mareada y con mucho dolor de cabeza». Y a pesar de todo, cuarta.

Otra gran final: plata en 400 estilos

No podía irse de Budapest sin dejarse hasta el último aliento. Y en ese aliento, una plata reivindicativa y de poderío porque la logró con una gran remontada en el último largo. Para llevarse un impulso de alegría y adrenalina y pensar ya en el siguiente reto. «A lo mejor en el futuro me especializo en mariposa o en 1.500. Pero de momento, no», zanja. Le va bien así.