Masters de Augusta

Rahm se crece ante Tiger

El vizcaíno pasa con nota el reto de aguantar un partido con el mito, en su primer enfrentamiento directo desde la Ryder

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No cabe duda de que a Jon Rahm no le gustan las medias tintas. Ya desde que era amateur avisaba de su intención de convertirse en el número uno del mundo y en superar los 18 majors de Jack Nicklaus. Y su arranque en la etapa profesional está siendo espectacular. En solo tres temporadas ya ha ganado seis veces, ha llegado a ser número dos del ranking y ya ha peleado por dos grandes.

En su línea de ir cumpliendo sus objetivos poco a poco, el pasado mes de septiembre le llegó el reto de jugar por vez primera con su ídolo, Tiger Woods. Y no solo no sintió los nervios del momento, sino que le ganó con solvencia y consiguió un punto de oto para el conjunto europeo. Su siguiente encuentro directo con el mito se produjo en el Hero World Challenge, el campeonato de final de temporada que organiza el californiano, y en el que ambos se cruzaron en el momento de la entrega de premios: el español venció de calle y el estadounidense esbozó su mejor sonrisa para entregarle el trofeo acreditativo de su gesta.

Sin embargo, seguí faltando ese duelo cara a cara en un torneo stroke-play (por golpes) y los organizadores del Masters quisieron darle ese gusto a los aficionados. Durante las dos primeras rondas iban a compartir juego y el vasco fue el primero en congratularse por ello. «Mira qué bien, la última vez no se me dio nada mal la experiencia, o sea que estoy deseando repetirla», comentó con guasa.

Y no le pudo salir mejor la experiencia. Ayer, en la primera jornada, le fue marcando la ruta a la estrella y firmaron una partida de lo más espectacular, un toma y daca en el que nunca faltó el interés.

Cada uno a lo suyo

Conociendo el carácter del Tigre, no era esperable que fuera a intercambiar grandes gestos con sus rivales (el chino Haotong Li era el convidado de piedra del grupo). Y, de hecho, fue durante toda la mañana a su aire, con los actos de cortesía mínimos imprescindibles. La parte de buena de esta actitud es que dos no pelean si uno no quiere, de manera que esa ausencia de cariño la aprovechó Jon para concentrarse si cabe más en su juego y así ir sacándole el máximo partido a un campo sorprendentemente firme para la cantidad de agua que recibió en los días previos.

Con algunos golpes geniales (como el que pegó desde los árboles del hoyo 11, que le abrieron la puerta a un birdie inesperado) fue asentándose y borró la mala sensación que le produjo su único fallo del día, un tropiezo en cómodo hoyo 8. Pero motivado al ver que su héroe no sólo no se despegaba, sino que tenía que sudar sangre para seguirle el ritmo (Woods sacó el puño con rabia cuando le empató en el liderato en el 14), se vino arriba en los momentos finales de su vuelta.

Como Tiger pinchó en el 17 (ayer el final de recorrido no estaba tan asequible como en otras ocasiones), Rahm pudo sacarle ese punto de ventaja que, aunque no sirve de mucho con 54 hoyos por delante, sí que es una muesca más en el revolver particular que tiene con el nombre del genio. Con tres bajo par para el español y dos abajo para el norteamericano acabó una vuelta que, si no sirvió para reforzar una amistad, sí que fue el comienzo de una gran rivalidad. A partid de ahora, Woods ya sabe dónde tiene un contrincante duro de roer.

Unos partidos por delante marchaba Sergio García, alejado de todo el ruido que producía la marabunta de público que seguía al partido del torneo. Sin embargo, el castellonense no pudo sacar provecho de esa tranquilodad y terminó su poderle ganar al National. Acabó con un golpe sobre par porque no estuvo nada acertado en los greens y no fue capaz de sacar rendimiento en los pares 5 del campo.