Carlos Sianz, campeón en la edición de 2010
Carlos Sianz, campeón en la edición de 2010 - EFE

Rally DakarEl último intento de Carlos Sainz

Peugeot se despide y el español, campeón en 2010, deja su futuro en el aire. Para esta edición, vuelve a estar entre los favoritos, pero apuesta por la prudencia

Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

Ari Vatanen dijo de él cuando le vio correr en el Mundial de Rallys: «Es de los nuestros, solo le falta el pasaporte». El finlandés elogiaba a Sainz porque mezclaba en su estilo de competir la agresividad caliente en busca de la victoria con la serenidad gélida de los pilotos nórdicos. Así es Carlos Sainz Cenamor, un campeón que solo sabe salir a ganar. El Día de Reyes, no hay mejor día para definirle, comenzará a atacar el que puede ser su último Dakar. «Peugeot deja el rally y no sé si me fichará otro equipo, de momento solo pienso en ganar el que comienza en enero. Es difícil que me motive más para buscar la victoria». El español aborda un ahora o nunca y es peligroso en las situaciones límite.

[Las mujeres del Dakar]

Debutó en el mejor raid del mundo en 2006, todavía en el original, el rally africano. Y revolucionó la carrera, aunque a él no le guste adjudicarse ese rango. Todos los pilotos lo manifestaron con sinceridad: «Carlos nos obligó a cambiar el chip», decían los líderes de la prueba. «Impuso la velocidad del Mundial de rallys. Nos llevaba con el gancho». Esa valentía diaria la pagó cara muchas veces a lo largo de estos once años, con abandonos por rotura de motor u otras averías. En esta edición, quizá la última para él, mantendrá su estrategia con un cambio de salida: «En las primeras cuatro o cinco etapas tendré cuidado y no impondré una marcha muy fuerte. Es mejor quedar séptimo u octavo el primer día para salir retrasado el segundo y no abrir pista».

Un raid más duro

Por una vez, sin dejar de acudir a su velocidad como norma, Sainz utiliza el arma letal de Peterhansel: «Será un Dakar más importante en la estrategia, hay que salir vivo de las dunas. Habrá más recorrido fuera pista. Comienza en el desierto de Perú y será el más duro de todos estos años en Sudamérica».

Enjuicia con razón que los coches 4x4 tienen ventaja en la normativa técnica de la organización, verdad que no le impide ser optimista. «Vamos a plantar cara y salgo desde la primera etapa para ganar el rally», asegura el vencedor en 2010. «Si no pensara que puedo ganar, no iría a disputarlo. Cuando conocí el recorrido le dije a Lucas (Lucas Cruz, su copiloto) que este año deberíamos empezar con mayor tranquilidad, con paciencia». Sainz es un piloto de ataque y la filosofía del Dakar exige saber esperar, ver cómo otros fallan, defenderse en las malas situaciones, salvar los muebles y atacar cuando los rivales menos lo esperan. «Y tener suerte», apostilla el campeón. «Sin suerte no puedes vencer. Son catorce días de competición y en catorce jornadas siempre te sucede algo. Para ganar hay que tener un buen coche y correr más que los demás, pero la experiencia no evita que te pase algo y necesitas tener fortuna en el momento más malo». Quiere empezar sin arriesgar en las primeras etapas para no ser vigilado, como era habitual en ediciones anteriores. Su alta velocidad de crucero significaba que los viejos diablos, como Peterhansel, le seguían el ritmo, porque sabían que Carlos pisaría al máximo, se la jugaría más que nadie desde el principio. Siempre lo ha hecho. Ahora, Sainz desea nadar y guardar la ropa para ver quién se pone a la cabeza de la manifestación.

Plataforma para las marcas

«Pienso en ganar mi segundo Dakar, no pienso en el futuro, no pierdo un minuto en ello, ahora lo principal es hacerlo bien en esta carrera». Sabe que si brilla será fichado por otra escudería. «El rally es una buena plataforma para las marcas y hacen falta los equipos oficiales». El madrileño meditará en los meses posteriores lo que hace. Le pueden llamar hasta en el otoño de 2018. «Sí, habrá que esperar a finales del próximo año para saber si voy al Dakar o no. Pero tendré mucho tiempo para pensar si voy y con qué equipo voy, ahora me centro en ganar éste». Si triunfa en esta edición que nace el Día de Reyes, tendrá la bonita oferta de defender su título en enero de 2019. O quizá la victoria sea la mejor rúbrica de su trayectoria profesional y el momento de retirarse.

Vienen dos semanas de pernoctar casi a la intemperie, con su almohada viajera. «Lo más bonito del Dakar es que todos estamos juntos para dormir cada noche en el campamento, todos somos iguales. Esa unión, compartir y hablar con los demás, es lo mejor del rally». Allí, muchos rivales se transforman en amigos. Hay amistades forjadas desde hace una década. Carlos Sainz ansía comenzar el último intento. Quizá sea el penúltimo.