Carolina Marín, tras ganar el Abierto de China
Carolina Marín, tras ganar el Abierto de China - AFP
Bádminton

El renacer de Carolina Marín

La andaluza gana el primer torneo tras su grave lesión de rodilla y ya mira con optimismo a los Juegos Olímpicos de 2020

J. ABIZANDA
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El grito, exclamado con más rabia que nunca, retumbó en el pabellón olímpico de Changzhou cuando Carolina Marín consiguió el punto definitivo, el golpe ganador que le devolvió este domingor al podio soñado durante muchas noches de sufrimiento en silencio. Tras casi ocho meses fuera de la competición por una gravísima lesión de rodilla, la española, en el segundo torneo tras su reaparición, volvió a lo más alto al vencer a la taiwanesa Tzu Ying Tai en la final del Abierto de China. El de la onubense fue el triunfo de la superación, la recompensa a su constancia y fuerza de voluntad. La campeona está de vuelta, también su grito de celebración. «Esto es solo el comienzo del camino hacia los Juegos de Tokio», donde defenderá título, afirmó feliz tras una de sus victorias más emotivas.

Triple campeona del mundo y olímpica en Río de Janeiro 2016, Carolina Marín se liberó definitivamente en Changzhou con ese grito ganador. Adiós a los miedos y los temores tras superar la lesión más grave de su carrera. Operada a finales del mes de enero de la rotura del ligamento cruzado de la rodilla derecha sufrida días antes durante la final del Masters de Indonesia, la victoria en tres sets ante Tzu Ying Tai resultó el empujón psicológico definitivo que buscaba. Y no porque la taiwanesa hubiera ganado los seis enfrentamientos precedentes entre ellas.

Tres remontadas

La española, que perdió el primer set, comprobó en China que físicamente responde y que su fortaleza mental es la de siempre porque remontó la final ante la número cuatro del mundo (14-21, 21-17 y 21-18). Las dudas que podía tener sobre su respuesta tras casi ocho meses fuera de las pista se disiparon. «No tengo palabras para describir lo que siento, pero siento felicidad, siento recompensa por esos siete meses y medio que he estado parada por la rodilla», afirmó la andaluza en un vídeo publicado por su servicio de prensa.

Atrás queda el calvario que empezó tras el grito de dolor que soltó en Indonesia al sentir un crujido en su rodilla. «Salí de la clínica llorando cuando el médico me dijo que tenía el cruzado roto, pero en el coche de camino a casa dije: ‘vale, esto es lo que hay, mañana te operan. Ahí cambié el chip, lo viví en anteriores lesiones, si tu cuerpo está bien, la rodilla va a ir a mejor. Si me quedo en casa llorando y deprimida, mando mensajes negativos a la rodilla. Cuanto mejor me encuentre yo, más rápido irá todo esto», explicó tras la operación. Ayer volvió a recuperar su mejor sonrisa.

En los planes de la onubense figuraba regresar a las pistas a mediados de agosto en el Mundial, pero tras unas semanas de entrenamiento en el CAR de Sierra Nevada decidió junto a su equipo retrasar su reaparición. Un paso atrás para tomar impulso.

Carolina Marín cierra con este triunfo en China, torneo Super 1000 de máxima categoría, las dudas que abrió en su vuelta a las pistas en el Abierto de Vietnam, donde el pasado 11 de septiembre cayó eliminada en primera ronda ante la tailandesa Supanida Katethong. Ese día perdió en dos sets, pero psicológicamente mantuvo la fortaleza que ha exhibido en China, donde en primera ronda venció a la japonesa Nozomi Okuhara, actual subcampeona del mundo. La española demostró en la final que la consistencia mental sigue siendo una de las claves de sus éxitos, ya que levantó un trofeo un año después, justo en el mismo escenario, después de remontar a sus rivales en los tres últimos partidos.

En un día tan feliz, Marín tuvo un recuerdo para todo su equipo: «Por apoyarme desde el primer momento hasta el último, por creer en mí, a toda España muchísimas gracias por todo el apoyo. Esta copa nos la llevamos a casa. Esto es solo el comienzo del camino hacia los Juegos Olímpicos».