El irlandés Shane Lowry está siendo el más seguido por los afcicionados locales
El irlandés Shane Lowry está siendo el más seguido por los afcicionados locales - EFE
Golf

Shane Lowry impone su dictadura en Royal Portrush

El irlandés firma 63 golpes y toma cuatro de ventaja sobre Fleetwood para ganar su primer grande

Enviado especial a Portrush (Irlanda del Norte)Actualizado:

Un campo de fútbol de sesenta hectáreas, en lugar de en una. Esa era la sensación que se vivía ayer en Royal Portrush con la exhibición de Shane Lowry en el Open Británico. Desde 1951 el torneo no volvía a Irlanda del Norte y la presencia de un irlandés en lo más alto de la tabla, aunque sea de la República, se vive como una fiesta por el público local. Después de embocar su último putt del día, que sumaba el golpe número 63 en su tarjeta (a uno del record absoluto del campeonato), los gritos de «oé, oé, oé» estallaron en las gradas como si celebraran la consecución de la Champions. La fiesta se presumía larga en la noche del sábado.

La exhibición del de Mullinger (-16) comenzó en la primera vuelta, con tres birdies sin fallo, pero alcanzó su cénit en la segunda, con otros cinco. Con un ritmo de aciertos imparable, como si estuviera tocado por una varita mágica, remataba en los greens lo que hilaba desde las calles con una precisión de alta costura. Y así, poco a poco, se fue deshaciendo de la presión de los ingleses Tommy Fleetwood (-12), Justin Rose (-9) y Lee Westwood (-8), que le presionaron por momentos, igual que los estadounidenses J.B. Holmes (-10), Brooks Koepka (-9) y Rickie Fowler (-8), que también anduvieron por la parte alta de la tabla.

Con el nivel de juego mostrado (solo tres bogeys en 54 hoyos) y con el apoyo popular, Lowry lo tendra que hacer muy mal en la última ronda para no llevarse la Jarra de Clarete. Ya sabe lo que es ganar en su casa (Open de Irlanda) y en un torneo importante (Mundial de Akron) y no le va a temblar el pulso ante el mayor compromiso de su vida. Incluso si hace el mal tiempo que se presume (que ha obligado a adelantar las salidas para evitar la galerna vespertina), tendrá un colchón de cuatro golpes con el que frenar los golpes.

Lamentablemente, no podrá apretarle las tuercas Jon Rahm, que volvió a jugar a un gran nivel (68), pero al que los fallos le penalizaron en exceso. «Estoy un poco decepcionado porque con lo bien que estoy jugando debería estar un poco más cerca de los líderes. Yo juego siempre para ganar y no voy a decir que me contente con quedar mañana tercero -reconoció-. Evidentemente voy a salir agresivo y a tratar de hacer una vuelta muy baja, pero tienen que darse demasiadas circunstancias a mi favor para tener opciones». El español es octavo (-7), pero los nueve golpes que le separan de la cabeza son una losa muy grande. Sergio García (-1) tampoco supo reaccionar a tiempo y con una vuelta anodina (par) pasará de puntillas por este major.